En Siria continúan los combates entre los rebeldes armados y la parte del Ejército que todavía es fiel al dictador Bashar al Asad. Y siguen también los despiadados bombardeos del régimen contra la población civil.
El sanguinario Al Asad se resiste desesperadamente a entregar el poder que su padre y él han detentado por más de cuarenta años. Además, la matanza que está perpetrando contra su propio pueblo ocurre ante la pasividad del mundo democrático, pero con el apoyo activo y material de Rusia y China y el respaldo verbal de algunos pequeños países no democráticos, como Nicaragua.
Se estima que más de 16,000 personas han muerto en Siria desde enero del año pasado, cuando estalló la rebelión popular que se convirtió en una guerra civil, que solo puede terminar con el derrocamiento de Al Assad, o con el exterminio del pueblo insurrecto, lo cual significaría la muerte de muchísimos más civiles.
El doctor Asher Kaufman, profesor asociado de historia y director de estudios de doctorado en el Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz, en la Universidad estadounidense de Notre Dame, autor de diversos estudios y libros sobre el Oriente Medio, asegura que el fin o la continuación de la matanza en Siria depende de Rusia y de China. Señala el doctor Kaufman que la dictadura de Al Assad se sostiene solo por el apoyo de China y sobre todo el de Rusia, que lo alimenta militarmente. El apoyo retórico al dictador sirio por parte de algunas satrapías tercer mundistas, como la de Daniel Ortega en Nicaragua, ni siquiera se menciona en el análisis de los expertos.
Se entiende —aunque no se justifica— el respaldo de Rusia a la dictadura de Siria. Es bien conocido que el presidente ruso Vladimir Putin siente inclinación hacia las peores dictaduras que quedan en el mundo y es un nostálgico de las viejas aspiraciones imperiales de la Rusia zarista y la Unión Soviética comunista. Pero además Siria es un cliente económico, militar y político de primerísima importancia para el gobierno de Moscú.
En Siria hay actualmente unos diez mil “asesores” militares rusos. El gobierno de Rusia ha suministrado recientemente a la tiranía de Bashar al Assad una gran cantidad de armas por valor de más de 3,500 millones de dólares. En el puerto sirio de Tartous existe una gran base naval de Rusia, que es el último bastión de la influencia rusa en el mundo árabe y el cual Moscú no quiere perder.
En cuanto al respaldo de Daniel Ortega a la dictadura sanguinaria de Siria, no tiene ninguna significación política ni importancia estratégica. Pero es una ofensa al pueblo nicaragüense que sufrió los bombardeos de la dictadura somocista, igual que el pueblo sirio soporta ahora las masacres del régimen de Bashar al Asad. Y es un motivo de vergüenza nacional ante la comunidad democrática internacional.
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