Centenario de Friedman
Uno de los economistas más influyentes del siglo pasado, nacido en 1912, fue Milton Friedman, quien obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1976.
Friedman, a diferencia de la mayoría de los premios Nobel, supo comunicar sus tesis a un público muy extenso. Para algunos es un extremista del mercado, que representa al “neoliberalismo”; pero su sentido común y la confirmación por la realidad de sus tesis, lo convirtieron en uno de los economistas con más influencia en las políticas públicas de varios países.
En América Latina se le atribuye a sus tesis y consejos gran parte de la estructura socioeconómica que llevó a Chile a ser el país con la economía más sólida y progresista de la región en los últimos cuarenta años.
En su libro Libertad de elegir , demuestra que las políticas económicas que permiten a los ciudadanos decidir libremente, son una premisa para convertir la libertad en una realidad social. El intercambio libre y voluntario —sostiene Friedman— es el entorno que más estimula el ahorro, la inversión y, por lo tanto, el empleo productivo.
Otro de sus libros No hay tal cosa como un lunch gratis , deja claro el principio económico, olvidado por muchos gobernantes, que todo cuesta aunque lo ofrezcan gratuitamente funcionarios y candidatos. Alguien paga directa o indirectamente, a corto o a largo plazo, lo que dice otorgar gratis un gobierno.
En su mensaje al recibir el Premio Nobel, demostró basado en los resultados de varias economías del mundo, que la inflación y el déficit presupuestal no son un incentivo durable para el empleo y el crecimiento. A diferencia de los seguidores de Keynes, que asociaban más inflación con más empleo, demostró que la inflación, cuando se convierte en una política estructural, genera desempleo. Popularizó el término estanflación: inflación con desempleo.
La actual crisis europea valida las tesis de Friedman, ya que los países con mayor déficit son los que tienen menor crecimiento y más desempleo. Las tesis de Friedman no son de derecha, de izquierda o neoliberales, sino realistas, como lo muestran los resultados de muchas economías en la segunda mitad del siglo XX y principios de este.
Luis Pazos
Rechazar tratamientos extraordinarios
Actualmente está en el debate social y en las conversaciones entre los jubilados la posible legalización de la eutanasia y el suicidio asistido con el peligro real de que otras personas ajenas decidan dar muerte a un enfermo o a un anciano en circunstancias poco claras.
Puede haber confusión entre el derecho a rechazar tratamientos extraordinarios y el suicidio médicamente asistido.
El enfermo tiene derecho a negarse a recibir acciones médicas extraordinarias incluso si esa decisión puede acabar con su vida. Los médicos no pueden forzar la administración de insulina a un diabético, ni a un paciente joven a vivir con un respirador, aunque su desconexión suponga la muerte para él. Algunos enfermos de cáncer prefieren el cuidado médico domiciliario antes de someterse a un tratamiento de quimioterapia o radioterapia, mucho más agresivo. En estos casos la práctica médica está dependiendo del consentimiento informado del paciente. Esto ocurre cuando el enfermo da su aprobación por escrito antes de someterse a una operación quirúrgica, que en algunos casos puede ser mortal. En todos estos casos el enfermo tiene derecho a iniciar un tratamiento o una intervención quirúrgica y a suspenderlos, sea cual sea su capacidad de salvar su vida.
El suicidio asistido, por el contrario, busca acabar con la vida del enfermo, cuando este la solicita. El enfermo puede pedir la muerte por sufrir fuertes dolores, pero también por presión de su propia familia o de los médicos. Cuando se alivian los dolores con los cuidados paliativos, nadie o casi nadie desea morir. La sedación suele ser un medio esencial y beneficioso del cuidado médico ofrecido a los enfermos terminales.
Realmente nadie tiene derecho a “acelerar la muerte” del enfermo mediante la eutanasia ni por el suicidio asistido. Cuando este objetivo falla, como ocurre a veces, los familiares y el médico aplican otras técnicas como colocar bolsas de plástico en la cabeza para ahogar al paciente o poniendo inyecciones letales. Se justifican diciendo que quieren evitar a la víctima el dolor y el sufrimiento permitiéndole morir en paz y con dignidad. Curiosamente los partidarios de la eutanasia presentan el argumento de la “muerte digna” para imponernos sus objetivos mortales.
El Tribunal Supremo de los Estados Unidos decidió el 26 de junio de 1997 que el suicidio asistido y la eutanasia no son un derecho constitucional y afirmó el derecho de los enfermos terminales a no sufrir. Esta sentencia constituyó un gran apoyo para los médicos que buscan la curación y el alivio de los enfermos en la fase terminal de su vida.
Estudiando la experiencia de Holanda donde están aceptadas la eutanasia y el suicidio asistido, se comprueba que los enfermos son forzados con frecuencia o no son consultados, en la decisión fundamental de poner fin a su vida.
Por otra parte, la mayoría de los enfermos no quieren acelerar su muerte y raramente se plantean esta posibilidad si su sufrimiento es tratado adecuadamente con los cuidados paliativos.
Arturo Ramo García
Plan Socorro en Matagalpa
La Perla del Septentrión estaba perdiendo su belleza por tantos bebedores consuetudinarios o borrachitos que se habían tomado muchos lugares públicos. Debido a la permanente queja de la población se formó una comisión integrada por el Minsa, la Alcaldía, la Policía y la dirección del Centro de Rehabilitación de El Tuma-La Dalia Mahanain, más conocido como campamento de Dios. El 16 de julio se llevó a cabo el Plan Socorro en toda la ciudad donde recogieron 173 enfermos alcohólicos entre ellos 14 mujeres, los cuales fueron transportados en buses directamente al Mahanain donde ya existían 180 internos para sumar un total de 353 personas.
El pasado 21 de julio en curso, visité el campamento para constatar personalmente si el plan estaba funcionando. Es asombroso el trabajo que realiza un grupo de voluntarios formado por los internos más viejos; un equipo de cincos barberos dejándolos pelones, un equipo de diez bañándolos, como bañar un bebé; el director del centro Wilfredo Ruiz buscándoles nueva ropa para quemar la que tenían puesta que estaba llena de inmundicias y legiones de malos espíritus, según aseguró Ruiz. Luego se les da una taza de té caliente como desintoxicante, finalizando con la sopa especial de res para entrar al salón principal y comenzar las charlas y testimonios para la rehabilitación.
La mayoría de estos internos tiene familia, pero han sufrido tanto por su enfermedad alcohólica que no quieren saber nada de ellos y “se los donan al centro”, por lo que son muy pocos los familiares que ayudan al Mahanain el cual se mantiene más de milagros que de ayudas físicas. El suddirector asegura que ninguna de las instituciones con las que se coordinó el Plan Socorro ha mandado ninguna ayuda de ningún tipo al centro donde se tienen que repartir más de un mil platos de comida al día. Hemos subsistido gracias al apoyo que nos está dando el ingeniero José Daniel Núñez, gerente del matadero El Nuevo Carnic.
El campamento de Dios está ubicado a 40 kilómetros de la ciudad de Matagalpa, por la carretera nueva se llega en 30 minutos y una visita puede marcar un antes y un después en nuestra vida. En el lugar se puede ver y tocar el poder de Dios que está sacando despojos humanos de los basureros y transformándolos, con la ayuda de cada visitante, en hombres y mujeres útiles a la nación. El Espíritu Santo de Dios está en ese lugar que todos debemos conocer.
Leopoldo Villalta López, Matagalpa
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A