Por Amalia del Cid
Es conocido tanto por su gran dominio de la historia de Nicaragua como por su vieja fama de seductor. Sin embargo, ahora Roberto Sánchez dice haberse alejado de los malos pasos para acercarse a los de Dios. “No le temo a nada”, afirma.
:::¿Cuál es su mayor vicio?
Hablar mucho.
:::¿No las mujeres?
En un tiempo. Pero no eran vicios, eran gustos (ríe).
:::Mmm… ¿machista?
Yo diría que más que machista, tenía complejo de seductor. Todo estaba a mi favor. Simpático, inteligente, deportista y discreto.
:::Parece que modesto no era…
No. He tenido mis períodos de mucha vanidad (ríe).
:::¿Cuál es su pasatiempo?
Leer. Pero hay que buscar las condiciones, eso de andar un libro bajo el brazo me parece de mal gusto.
:::¿Lo que menos le gusta en una persona?
Que finja.
:::¿Y lo que menos le gusta de usted?
¡Mi barriga! (ríe).
:::¿Cuál deporte disfruta más?
Me gusta mucho el futbol.
:::¿Tiene un equipo favorito?
Ya estoy viejo para andar metido en eso. Ahí que se peleen mis hijos.
:::A propósito… ¿cuántos hijos tiene?
Ocho. Con cinco señoras diferentes… Haber sido desordenado es una de mis mayores tristezas.
:::¿Ya dejó de ser un bandido?
Mirá… ¿cómo te lo digo? … No es lo mismo sentir que consentir.
:::Defina al nicaragüense.
Es bastante noble y transparente.
:::¿Es cierto que Nicaragua es un país sin memoria?
Lamentablemente hay tendencia no solo a que se pierda la memoria, sino a tergiversarla, adulterarla o manipularla.
:::¿Cuál es su máxima aspiración?
Se lo pido al Señor… es llegar a vivir sin cargos de conciencia.
:::¿Está lejos de eso?
Me falta mucho. Pero sí te puedo decir que a estas alturas ya nada ni nadie me quita el sueño.
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