Nos reunimos en un campo de azaleas
algo extraño en la foresta.
Traías el olor a sándalo en tu cuerpo.
Tus pies parecían de ébano.
Había algo curioso en tu ser:
tus pupilas tenían el color de las júnceas.
Habías estado en todas partes:
en los jardines colgantes,
en las flores con casas.
Conocías las fuentes de agua amarillenta.
Miles de árboles te habían tragado
con el propósito de dormir en ellos.
Tu rostro detenía los ríos con espejos.
Los animales presentaban sé a sus crías.
Luego fuiste diseñadora de lanzas de acero
que cruzaban el espacio
hasta clavarse en un sol y derretirlo.
Viviste en un globo redondo también de acero
cargando la esfera de la fortuna en tus manos.
Descubriste el naipe de madera azul,
hallaste la seda verde. . .
En fin, objetos curiosos desafiando la gravedad.
Ahora cada cinco años tristemente de veo.
Dime, ¿qué deseas?
¿Mariposas cazadas y puestas en bandejas?
¿Convertir para siempre el agua en oro?
¿Llevarte cien lenguas de león?
Será mejor que hablen las obsidianas en sus valles.
Mujer de los caminos de fuentes y de ríos
¡dejá todo eso!Vente conmigo a la orilla del mar.
Ayúdame a quitar tu magia.
¿Qué encuentras en los árboles y en los minerales
que sea diferente?
¿Acaso no te he buscado?
Pregúntale a las orquídeas y tulipanes
a los habitantes de las frutas.
He recorrido campos enteros con tu nombre
ahora, ¡quédate conmigo!
2.
En una isla de lagos circulares
está un cofre vacío y perfumando.
De noche se ilumina
se abre. . .
Aparecen desde el fondo dos manos.
Una de ellas sostiene un libro
antiguo forrado de coral
cuyas páginas son leídas continuamente
sin llegar al final.
Es que las manos elaboraron el cofre
el libro y al lector.
3.
El silencio de un bosque es sagrado.
Hasta una piedra pide permiso para moverse.
El agua se desliza como un metal derretido.
Las nubes rascan las cumbres
como cuando un cuerpo es sobado.
Un árbol viejo al morir
se desmorona como fabricado de azúcar.
La vejez tiene utilidad y la luz
es el único disturbio que no habla
por eso es aceptada.
Un ave grande y milenaria
cuida del bosque
Vuela tal hoja
tiene cuernos de cabro y patas de gallo
es azul. . . azul y tan azul
que desaparece en el cielo.
¡Ay, de quién penetre en la foresta!
¡Que es lo más sagrado del planeta!
Y de todo lo creado.
Tan así que los pájaros vuelan en silencio
cuando penetran a tomar agua
en la fuente rosada.
Nadie la conoce.
Se sabe de un poeta
que la vio proyectada
en el ojo de un ave muerta.
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