La periodista independiente de Cuba, Yoani Sánchez, escribió en su blog a propósito del activista católico y líder político de la oposición cívica en Cuba, Oswaldo Payá Sardiñas, quien falleció recientemente en un sospechoso accidente de tránsito, que “nadie debería morir antes de alcanzar sus sueños de libertad”.
En su siguiente blog, la también filóloga cubana criticó el discurso pronunciado por Raúl Castro durante la celebración del 26 de julio, en el cual el dictador comunista de Cuba declaró que “la mesa está servida” para dialogar y llegar a acuerdos con el gobierno de Estados Unidos. Esa frase de Raúl Castro es “de un entreguismo, de una complacencia hacia el extranjero que es insultante para quienes buscamos una Cuba verdaderamente soberana”, señaló Yoani Sánchez, quien no reside en el extranjero sino que “vive dentro del monstruo y conoce muy bien sus entrañas”, para decirlo con la conocida frase de José Martí.
“¿Cómo es posible que un gobierno esté dispuesto a hablar con una administración foránea y, sin embargo, se tape los oídos frente a las críticas que brotan de su propio patio? ¿Cómo un sistema que se las da de “antimperialista” acérrimo ha terminado por preferir sentarse a la mesa con el vecino del Norte antes que escuchar y debatir con su propio pueblo?”, cuestionó la periodista Yoani Sánchez, quien concluyó su escrito advirtiendo que “los extremos siempre terminan por tocarse y en esta contienda de cincuenta años contra las administraciones norteamericanas, el castrismo ha estado más pendiente —y dependiente— de la Casa Blanca que de las voces nacionales”.
En realidad, es característico de todas las dictaduras abrirse a la negociación con la potencia extranjera y buscar el entendimiento con ella, mientras se ignora la demanda interna de diálogo nacional. El caso de Raúl Castro es el mismo de Daniel Ortega, quien ha despreciado la propuesta de la oposición de una negociación política para adoptar un acuerdo que ni siquiera cuestionaría la hegemonía del poder orteguista, como es el nombramiento de los magistrados con períodos vencidos. Incluso la petición de diálogo de la Iglesia católica para tratar asuntos de interés común e importancia nacional, ha sido ignorada por el arrogante presidente inconstitucional de Nicaragua.
En Argentina le llaman “gobierno del apriete”, a ese estilo de gobernar que se basa en la arbitrariedad, la amenaza y el desprecio a quienes no forman parte del entorno oficialista; al gobierno que utiliza un lenguaje procaz e imperativo para referirse a la oposición y a los sectores independientes de la sociedad. “El ‘apriete’ es una manifestación del nulo respeto por los derechos y las libertades individuales y refleja claramente el desprecio por la seguridad jurídica”, ha dicho en uno de sus editoriales el periódico La Nación, de Buenos Aires.
Esa es la situación actual de Nicaragua, donde el Gobierno busca y hace acuerdos con los representantes del “imperio” y del capital criollo, al cual le puede sacar provecho, mientras ignora y aprieta a la oposición, a la sociedad civil y al estamento religioso que no es oficialista.
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