Daniel Ortega maldice a Israel, aliado a Irán, un país con fuerza nuclear que pretende destruir a Israel. Nuestro país nunca volverá a ser libre y democrático mientras mantenga esa política de odio a Israel.
Y los ciudadanos guardamos silencio; mi pueblo perece por falta de entendimiento. Maldeciré a los que te maldigan y bendeciré a los que te bendigan del Génesis 12:3.
El cumplimiento de las maldiciones y castigos divinos han caído sobre Nicaragua: En el 2011 nació una dictadura. El Estado de derecho y la institucionalidad democrática han sido destruidos por el régimen frentista. La reelección presidencial autorizada por una sentencia judicial espuria, violenta el principio de control y supremacía constitucional. Ningún país logra un notable desarrollo económico si no hay una sólida garantía jurídica e institucional.
Con 16 años de gobiernos democráticos y la sucesión legítima de tres presidentes constitucionales creímos que la amenaza sandino-socialista era parte del pasado. El Ortega del 2011 demuestra su eterna vocación de tirano y sentado sobre la base del chantaje y una pila de cadáveres, gobierna como presidente de facto, a pesar de su ineptitud y corrupción, cómplice de esoterismo gubernamental.
Como en los ochenta, la imagen de Nicaragua se proyecta aliada de países terroristas. La injerencia chavista y del socialismo del siglo 21 radicalizan las relaciones exteriores de nuestro país y lo embarcan en el contexto de esta nueva guerra fría mundial que Irán y los países del eje del mal ejecutan en contra de Israel y los Estados Unidos.
En los planes del supuesto canal interoceánico han excluido a Estados Unidos y en su lugar reúnen a países distantes como China, Rusia o Venezuela, cuya unidad es ideológica en el odio a los Estados Unidos y su hegemonía mundial en geopolítica, democracia y economía de mercado. No tiene ningún futuro un proyecto con este tipo de implicaciones.
Ahora las autoridades de nuestro país, por primera vez en nuestra historia son vistas como narco-instituciones y los órganos de administración de justicia son meros instrumentos partidarios al servicio del tirano sandinista.
No nos llamemos a engaño, el Ejército y la Policía son partidarios y siempre sandinistas. La muerte de los comandantes “Yahob” y “Pablo Negro” se atribuyen a operaciones encubiertas de los militares. La represión política no ha alcanzado mayores niveles de violencia únicamente por cálculo político del déspota gobernante, pero no por legítima convicción cívica.
No está de más recordar los resultados de las protestas contra el fraude electoral del 2011, donde la Policía permitió la violencia criminal desatada por las turbas sandinistas contra los pacíficos protestantes democráticos. Los heridos, muertos y presos por razones políticas en “El Carrizo”, “Coperna” y Ciudad Darío, volvieron a ser parte de la tragedia nacional.
A pesar de la pacificación democrática de los gobiernos liberales, en especial con doña Violeta Barrios de Chamorro, con Ortega se ha vuelto a teñir nuestro glorioso pendón bicolor y será necesario una primavera árabe para desalojarlo del poder y restaurar la democracia.
El autor es abogado. Laico Bautista.
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