En el mensaje que envió a la conferencia Tricontinental, en enero de 1965, Ernesto Che Guevara proclamó que el verdadero revolucionario debe sentir “el odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar”.
Sin embargo, para un revolucionario cristiano no es el odio sino la fe, la que lo impulsa a luchar hasta dar la vida por la justicia y la libertad. Tal ha sido el caso de Oswaldo Payá, eminente católico laico y líder opositor cubano de 60 años de edad, quien murió el domingo pasado en un sospechoso accidente automovilístico cuando viajaba por el Oriente de Cuba con un compañero de su movimiento opositor, el que también falleció en el siniestro, y un ciudadano español dirigente del Partido Popular de España que salió lesionado, pero vivo.
Cuando organizó el Movimiento Cristiano de Liberación de Cuba y promovió después una iniciativa de cambio constitucional para abrir el camino a una transición democrática pacífica en su país, la cual fue llamada Proyecto Varela en memoria de un sacerdote cubano libertario del siglo XIX, Oswaldo Payá declaró que su lucha no era motivada por el odio y que por su fe cristiana no se dejaría vencer por el miedo a la dictadura. Y con esa consecuencia actuó hasta el último momento de su vida.
Según la versión del gobierno, el accidente ocurrió cuando el automóvil en el que viajaba Payá se salió de la carretera y se estrelló contra un árbol. Pero la hija del extinto líder opositor, Rosa María Payá, declaró que testigos vieron que el carro en el que viajaba su padre fue embestido por otro vehículo, para sacarlo de la carretera. Además, un dirigente del Movimiento Cristiano de Liberación informó a CNN en español que a principios de junio pasado, Payá había sufrido un atentado parecido, cuando viajaba con su esposa cerca de La Habana y su auto fue embestido por otro vehículo más grande.
La simulación de accidentes automovilísticos para cometer y encubrir asesinatos políticos no es inusual en los países totalitarios. En la misma Cuba, incluso un ex poderoso funcionario de la dictadura castrista, Manuel Piñeiro, alias “Comandante Barbarroja”, quien fuera director de la policía política cubana y después jefe del Departamento de América del Comité Central del Partido Comunista, encargado de organizar y supervisar directamente las guerrillas, los atentados personales y las revoluciones en el exterior fomentadas desde Cuba, incluyendo la de Nicaragua en 1979, murió en otro extraño accidente automovilístico después de caer en desgracia ante el alto mando castrista.
De manera que lo más probable es que la muerte del líder opositor cubano quede encubierta bajo el manto de la versión oficial de que fue un accidente. Pero Oswaldo Payá es un nuevo mártir cristiano, alguien que luchó sin odio y murió sin miedo a una dictadura totalitaria que durante 53 años ha oprimido cruelmente a su pueblo.
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