Por René Cárdenas
Soy del parecer que el mundo del beisbol de Liga Mayor sigue padeciendo de la escasez de receptores. Esto es así porque desde principio el aspirante a beisbolista profesional no ve con buenos ojos esa posición. La mayoría quiere ser lanzador, no importa de qué país venga.
Creo que hay un sinnúmero de razones para que los chamacos no quieran aprender a ser responsables de la receptoría. Pues desde la niñez se dan cuenta que el receptor es el jugador que trabaja más, el que suda más y el que más se arriesga a tener lesiones.
Es cierto que al receptor se considera como el general que dirige la batalla. En la milicia ese señor está detrás de bastidores, pero en la pelota, ese general es un soldado que se arriesga en cada lanzamiento.
Los receptores reciben pelotazos en los pies, en las manos y en los brazos, en todo lo que el peto no cubre. Y no solamente temen a la bola, también temen al bate que es una verdadera arma.
Claro que hay algunos que tratan de evitar en lo posible la jugada más peligrosa del beisbol, la de bloquear el plato cuando se aproxima un corredor que viene como un bólido dispuesto a jugarse el todo por el todo con tal de anotar. Pero la posición exige enfrentar al corredor y a veces se produce un choque de elefantes. En ese tipo de situación es cuando el receptor demuestra lo que vale. El que se aparta un paso para tratar de tocar al corredor es uno y, el que bloquea es otro.
El otro problema que enfrentan los receptores es el extremado uso y abuso de las rodillas. Eso de pasar horas en cuclillas y luego batear y correr como los demás jugadores es injusto para cualquier atleta.
Solamente llevar encima la máscara, el peto, las rodilleras y semejante casco, es una verdadera tortura, especialmente durante los días húmedos y calurosos y encima de eso, el receptor tiene que reaccionar con rapidez cuando un corredor veloz intenta el robo de base.
El lanzador y los otros jugadores solamente levantan su guante cuando termina la entrada y regresan al terreno. El receptor se quita y se pone la monstruosa indumentaria nueve veces en cada juego. Esa es la razón porqué el receptor es siempre el último en llegar a su posición.
Encima de todo eso viene la responsabilidad de dirigir el juego, porque él se convierte en el piloto del partido mientras está detrás del plato. Tiene que conocer a todo bateador contrario. Saber los lanzamientos que no se le pueden tirar y dirigir al lanzador para evitar que le bateen con impunidad.
La posición es injusta hasta cuando un corredor roba una base. La mayoría de las veces los aficionados culpan al receptor, pero no consideran o no saben que la mayor parte del tiempo, los corredores roban al lanzador y no al receptor que se esfuerza para enviar la bola a 127.28 pies y en un perfecto blanco.
Aunque usted no lo crea, se ha vuelto harto difícil para muchas organizaciones ligamayoristas conseguir receptores respetables. Tan difícil como obtener buenos lanzadores, quizá más difícil todavía y los Astros se las están viendo de palitos en esta fase de la pelota. Otros equipos sufren de algo similar, pero hoy me ocupo del equipo de Houston.
Este año los Astros comenzaron su campaña con dos receptores y ninguno de ellos como titular: Jason Castros que pudo haberse adueñado de la posición el año pasado, sufrió una grave lesión en una rodilla mientras corría hacía primera base. Esto ocurrió el 2 de marzo en los entrenamientos primaverales durante un juego de exhibición contra los Tigres de Detroit. Dos días después el 4 de marzo, Jason fue intervenido quirúrgicamente para reparar el ligamento cruzado anterior y el menisco de la rodilla derecha.
La recuperación del joven Castro fue lenta y dolorosa, pero perseveró y puso todo su empeño mes tras mes sin faltar a las citas de rehabilitación. Siguió al pie de la letra las indicaciones de sus médicos y fisioterapistas. Vio el sol claro hasta que llegaron los días de la preparación primaveral en Kissimmee, Florida, cuartel general de los Astros.
Castro tenía que demostrar a sus superiores una buena condición física para de nuevo recibir la oportunidad de pelear para ser el receptor titular de la organización este año. Como su situación estaba en entredicho, el equipo decidió dividir la responsabilidad con otro receptor, con Chris Snyder. Así que desde el comienzo de la presente campaña, ambos peloteros han venido supliendo la necesidad.
En términos generales, Jason ha puesto todo su esfuerzo para hacerlo mejor y convencer a la nueva administración de los Astros, que él es el que debe de heredar la posición. Al momento de preparar esta nota, Jason batea .257, con dos jonrones y 18 carreras empujadas.
Todavía resuenan en mis oídos las exclamaciones de los expertos que Jason estaba destinado a ser el receptor del futuro de los Astros. Desafortunadamente el destino le jugó una mala pasada en el 2011 y su comienzo lento este año no ayuda a su campaña. Como este equipo está en reconstrucción y con el conocimiento que los buenos receptores no abundan, es posible que la suerte le sonría un poco más.
Si hubo sospechas que al principio de temporada Castro aún no estaba listo, yo nunca supe de ellas; pero es lógico pensar que el problema posterior de una rodilla operada podría agravarse de un momento a otro, especialmente cuando se juega una posición que requiere constantemente el doblar y desdoblar las rodillas durante horas y horas.
Los Astros que a estas alturas aparecen en la tabla de posiciones como el equipo más perdedor de la Liga Nacional en su año de reconstrucción, recibieron un golpe bajo del destino cuando la rodilla operada de Jason amaneció inflamada sin saberse la razón de este proiblema. El equipo tomó cartas en el asunto y lo insertó en la lista de incapacitados por el término de 15 días, pero con efecto retroactivo al 8 de julio.
Castro no había jugado desde el descanso que el calendario otorga cuando se efectúa el Juego de Estrellas.
Para llenar el lugar dejado por Castro, el equipo ascendió al receptor Carlos Corporan del club Triple A, Oklahoma City.
René Cárdenas, además de cubrir a los Astros para el diario La Prensa de Nicaragua, escribe para Crónicas de los Astros, astrosdehouston.com y Astros Magazine. Fue narrador de los Dodgers, Astros y Rangers de Texas. Con los Astros en 2008, también narró en TV. Edita su propia página no comercial de beisbol www.laestufacaliente.com y es miembro activo de la BBWAA. En tres ocasiones ha figurado en la lista de candidatos al Salón de la Fama de Beisbol en Cooperstown. La primera vez fue en la década del 90. Búsquelo en Twitter (@Rcardenas3)