Damasco, capital de la República Árabe Siria, tiene una larga historia y un impresionante bagage cultural. Para comenzar, es la ciudad más antigua del mundo que siempre ha estado habitada. Otras ciudades fueron fundadas antes que Damasco, pero de ellas solo quedan las ruinas, o fueron abandonadas durante algunos períodos de diversa duración. En cambio Damasco, de cuya existencia había noticias ya en el año 2,500 antes de Cristo, o sea 4,512 años atrás, siempre ha sido habitada por los damascenos.
Gracias a su dilatada historia Damasco posee una inmensa riqueza cultural, incluyendo sitios de inigualable importancia para los investigadores y de gran atractivo para los turistas. Para citar solo dos casos: en Damasco está la tumba de Saladino, el caudillo árabe del siglo XII que unificó al Medio Oriente y expulsó a los cruzados de Jerusalén. Y, más importante aún, para los cristianos, allí se encuentra la Puerta de Bab Kisan, el lugar por donde escapó Saulo de Tarso (después llamado el apóstol San Pablo), cuando era perseguido para ser asesinado, después que acogió la fe cristiana por una revelación que había tenido precisamente en el camino de Damasco.
Pero no es por su gran riqueza histórica y cultural que Damasco está actualmente en el centro de la atención mundial. Es porque la insurrección contra el régimen de Bachar al Assad, la cual se desencadenó en marzo del año pasado y desde entonces se ha venido incrementando a pesar de la sangrienta represión gubernamental, se extendió ya hasta Damasco y amenaza con derrocar, por fin, a la sanguinaria dictadura de 42 años .
El Ejército Libre Sirio, integrado por más de cincuenta mil desertores de las Fuerzas Armadas del régimen de Bachar al Assad y otros miles de combatientes irregulares, ha denominado “Volcán de Damasco” a la insurrección de la capital siria que es el asalto final contra la dictadura.
El régimen genocida de Siria también está aislado en el mundo. Solo China comunista y Rusia, aliados y protectores de las peores dictaduras del mundo, se empecinan en seguir sosteniendo a Bachar al Assad con cuantiosa ayuda económica, política y militar. Si no fuera por el apoyo de estas dos grandes potencias que han bloqueado todas las acciones sobre Siria que las democracias occidentales han propuesto en el Consejo de Seguridad de la ONU, Bachar al Assad ya hubiera sido depuesto y el derramamiento de sangre habría terminado.
También es importante mencionar que aparte de Rusia y China, solo algunos pocos gobiernos dictatoriales entre los cuales se encuentra, por supuesto, el de Daniel Ortega, apoyan al tirano genocida de Damasco. Pero su fin ya está cercano. La insurrección del pueblo sirio dura ya 16 meses y ha causado hasta ahora más de 16 mil muertos. En Nicaragua, la insurrección para derrocar al somocismo duró 17 meses y dejó un saldo de alrededor de veinte mil muertos. Tan alto y doloroso precio ha sido necesario pagar, debido a la obcecación de los dictadores que no quieren entregar el poder de manera voluntaria y pacífica.
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