Esto del waiver es como aquella canción de Julio Jaramillo Te odio y te quiero . Una especie de atracción fatal donde cruzar la raya puede ser peligroso, en ambas vías.
Si estás a favor de que se otorgue el waiver puedes ser tildado de orteguista, pece-sapo, cepillo, vendido al frentismo o aliado de la dictadura y quien sabe cuántas cosas más. Si estás en contra lo menos que puedes esperar es que te llamen vende patria, aliado de los yanquis, proimperialista o agente de la CIA, para decir lo menos. No hay medias tintas y todo se ve bajo el prisma del blanco o el negro, aunque en el fondo todo sea producto de una gran manipulación de uno y otro sector.
Los amigos del norte van a otorgar el waiver no porque les importe en este momento a cuántos cheles o gringos caitudos ha indemnizado el gobierno de turno, sino por la alta o baja temperatura que alcance su propio termómetro electoral. Si las cosas están cool o frías, tal vez lo otorguen, pero si se ponen heat o calientes, a lo mejor no lo dan.
Para algunos Obama puede parecer buena gente o hasta ingenuo con respecto a tanto gobierno izquierdista suelto pero esto se le termina cuando su reelección esté en peligro, entonces va a sacar los dientes y ahí nos puede llevar en el saco. No hay tales parámetros de que mientras más altos sean los casos resueltos de indemnización, más probabilidades hay que den el waiver. Lo cierto es que Washington puede echarle muchos pelos a la sopa si no quiere darlo y aquí vale de todo: desde un estornudo de Chávez hasta una calentura de Ortega.
En la otra acera, el orteguismo también está haciendo lo suyo: apretando las tuercas internas no tan estrechas que asfixien pero tampoco tan flojas que liberen, sino con el cálculo político de no provocar la ira norteña. Mientras tanto patalea, amenaza y gruñe, pero hasta ahí nomás. Es un juego de espejos con imágenes claras o distorsionadas, según se vea.
Mientras este predecible guión se desenrolla, aquí como siempre se ha desatado una tormenta en seco, sin lluvias ni truenos. Para el come cuando hay, paupérrimo, que vive en extrema pobreza, desempleado y sin esperanzas, esto del waiver le viene flojo porque primero no lo entienden y segundo, cualquiera que sea el curso que esto tome, su vida seguirá igual o peor.
Para los sectores que entienden el asunto, como los políticos, la sociedad civil, gremios, sector privado y el mismo sector gubernamental esta es la oportunidad de lucirse en debates inocuos, unos dándoselas de nacionalistas empedernidos y otros que se las dan de opositores exponen argumentos que rayan en la ambivalencia, en el psiquis-noquis a fin de quedar bien con Dios y con el Diablo.
Temen que una expresión mal dicha o mal entendida le caiga mal a sus amigos de la carretera sur lo que les llena de pavor pues aunque coman gallopinto sus cerebros piensan en inglés. Si las cosas favorecen al Gobierno no quieren quedar mal con este por aquello de las reformas tributarias, la aplicación de la UAF y otros menesteres como las litis y las personerías jurídicas que están en el tapete con motivo de las próximas elecciones municipales. Como siempre aquí impera el teatro de lo absurdo. Cosas waiver, Sancho amigo.
El autor es dirigente histórico socialcristiano.
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