Un beso al arte

Nacido el 14 de julio de 1862 y fallecido en 1918, Klimt se labró en el siglo XX un amplio reconocimiento internacional incluso más allá de la esfera puramente artística, al punto de que Viena usa su célebre cuadro

AGENCIAS

Nacido el 14 de julio de 1862 y fallecido en 1918, Klimt se labró en el siglo XX un amplio reconocimiento internacional incluso más allá de la esfera puramente artística, al punto de que Viena usa su célebre cuadro El beso en sus campañas oficiales de publicidad.

Sin embargo, su trabajo provocó fuertes reacciones al inicio del siglo XX, con su obra que alternaba entre la opulencia y personajes claramente atormentados.

Mensajes intercambiados con su viejo amigo Emilie Floge, dejan al descubierto una personalidad fantasiosa y tranquila.

“Quería mandarte una tarjeta graciosa, pero primero tengo que superar la enorme estupidez de los seres humanos. Afectuosamente, Gustav”, escribió en una de sus notas a Floge.

Diversas fotografías de Klimt, con su delantal deforme, el pelo rebelde y una sonrisa maquiavélica, o sosteniendo un gato en brazos, muestran a un artista estelar, cuya desgracia es que todo el mundo cree conocerlo muy bien.

De Klimt se dice mucho. Por ejemplo, que tuvo 14 hijos y que en su atelier cumplía la mayor parte de sus fantasías. Que vivió en casa de su madre hasta que ella murió en 1915. Que él era un hombre tímido y retraído. También que pintaba solamente lo que le apetecía. Que nunca quiso casarse a pesar de la larga relación que sostuvo con la diseñadora de modas Emilie Flöge. E incluso, que fue uno de los pintores mejor pagados de la época.

¿Verdad? ¿Mentira? Klimt tenía una respuesta para eso: “Quien quiera saber algo acerca de mí, como artista, que es lo único digno de atención, deberá contemplar atentamente mis cuadros e intentar inferir de ellos qué soy y qué quiero”.

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La celebración del 150 aniversario de Gustav Klimt está dejando en Austria pocas lagunas por descubrir del genial pintor austríaco. Pero si alguna queda, la galería vienesa Belvedere contribuye a cubrirla con una nueva muestra, en que la tecnología permite viajar por la vida y arte del autor de El Beso. Lo que ofrece la mayor pinacoteca sobre Klimt es una retrospectiva en que la tecnología de la tableta iPad, combinada con la página de mapas Google Maps, permite al visitante escapar de la sala y plantarse en los lugares donde el artista amó, se inspiró, pintó e incluso fue enterrado.

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Nacido en la ciudad de Baumgarten, cerca de Viena, al segundo de siete hijos le tocaba heredar la profesión del padre: ser grabador de oro. Y aunque ello no ocurrió, Klimt llegaría a usar el pan de oro en sus pinturas tras ganar una beca para estudiar arte.

Aún joven pintó varios murales del Teatro Burgtheater y decoró la escalera del Museo de Historia del Arte de la capital austríaca. En 1893 recibió el encargo de decorar la universidad, responsabilidad a la cual renunciaría después para concentrarse en trabajos privados.

Con el desnudo femenino, Gustav Klimt encontró una de sus musas. El erotismo y la sensualidad en sus obras fueron muy apreciados, aunque también desató maliciosos comentarios, no obstante a través de sus planteamientos impresionistas y puntos de vista abstractos, Klimt representó a la mujer en todas sus facetas: madre, amante, joven, anciana. Todas con su peculiar forma decorativa, que perfeccionó en el período dorado gracias al oro, el brillo y la ornamentación. En esa época también realizó obras paisajísticas creadas durante sus estancias en el lago Atter.

A través de la creación del grupo La Secesión, que fundó Klimt en 1897, se opuso a la interpretación tradicional del arte, criticando a la ciencia como forma de expresión. Esa posición le valió una medalla de oro en la Exposición Universal de París de 1900, pero en Viena generó numerosas protestas.

Sin embargo, los historiadores del arte no consideran a Klimt como uno de los radicales en la época.

“Sé pintar y dibujar. Yo mismo me lo creo, y también otras personas dicen que se lo creen. Pero no estoy seguro de que sea cierto”, dijo en una oportunidad el propio Gustav Klimt, a quien Viena le rindió el fin de semana tributo con más de cinco exposiciones de obras y objetos personales.

En febrero de 1918 Gustav Klimt sufrió un ataque que le paralizó la parte derecha del cuerpo, contrajo neumonía y la gripe española y falleció, dejando inacabadas gran cantidad de obras.

SUS CUADROS MÁS FAMOSOS

En Judit I queda patente la pasión de Klimt por la femme fatale, su expresión extasiada sosteniendo la cabeza de su enemigo en la mano plantea la fuerza libertadora y el misterio amenazante de la pasión.

En El Beso , muestra una idealización espiritual del amor por parte del pintor austríaco. Los ornamentos que rodean a ambas figuras, cuadrados para el hombre, redondeados para la mujer, envuelven la dicotomía entre la acción del hombre llena de fuerza y la pasividad de la mujer que recibe el beso.

En La Esperanza I , Klimt muestra una mujer embarazada que emana erotismo, mientras se muestra rodeada de alegorías a las distintas edades de la vida.

La celebración del 150 aniversario de Gustav Klimt está dejando en Austria pocas lagunas por descubrir del genial pintor austríaco. Pero si alguna queda, la galería vienesa Belvedere contribuye a cubrirla con una nueva muestra, en que la tecnología permite viajar por la vida y arte del autor de El Beso. Lo que ofrece la mayor pinacoteca sobre Klimt es una retrospectiva en que la tecnología de la tableta iPad, combinada con la página de mapas Google Maps, permite al visitante escapar de la sala y plantarse en los lugares donde el artista amó, se inspiró, pintó e incluso fue enterrado.

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