Como liberal (siendo más preciso, social-liberal), aunque desde hace años apartado de la política activa, siento decepción y tristeza por nuestros partidos liberales que lucen divididos y frágiles, encabezando una oposición errática.
Después de las elecciones municipales de 2008, la oposición denunció un fraude, pero teniendo mayoría absoluta en la Asamblea Nacional ningún diputado presentó un proyecto de ley para reformar la Ley Electoral, mejorándola para las elecciones siguientes.
A lo largo del período de gobierno anterior fueron venciéndose los cargos de unos treinta funcionarios del Gobierno, incluyendo magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y del Consejo Supremo Electoral (CSE); pero la oposición se comprometió en unos absurdos “Acuerdos Metrocentro I y II” a que ningún partido participaría en proponer ni tramitar la elección de un solo funcionario. No puedo comprender por qué teniendo entonces una gran mayoría de diputados la oposición no aprovechó para elegir a esos funcionarios que ahora en minoría demandan que se elijan.
El ejecutivo mandó hace poco a la Asamblea Nacional iniciativas de ley para reformar la Ley Electoral y aumentar el número de concejales municipales. Aunque la oposición criticó de insuficientes esas reformas terminaron participando en su trámite de aprobación. Pero la pregunta es: ¿Por qué de nuevo no presentaron los diputados opositores ni una sola iniciativa de ley para reformar la Ley Electoral incluyendo las recomendaciones de la OEA y la UE? Que sean minoría no les impide presentar proyectos de ley como ese.
Diario conozco noticias sobre la demanda de la oposición de que los sandinistas los inviten a un diálogo para elegir a los magistrados del CSE (que antes siendo mayoría se negaron a elegir), como si no tuvieran diputados en la Asamblea Nacional —aún siendo minoría— con todo el derecho de solicitar formalmente que se proceda a la convocatoria para dicha elección. Incluso existe una convocatoria del período anterior (que desperdiciaron) que solo necesita ser ampliada e impulsada. Pero ni siquiera publican las listas que ellos van a proponer para tales cargos (quizá internamente ni siquiera se han puesto de acuerdo).
Se quejan de que los fondos del Alba no pasan por el Presupuesto Nacional, pero cuando los sandinistas propusieron en 2007 el Convenio Nicaragua-Venezuela, la oposición —que tenía mayoría absoluta de diputados— se negó a aprobarlo argumentando que endeudaría al país. Los sandinistas entonces firmaron un convenio privado mediante una empresa: Albanisa. Los fondos no pasan por el Presupuesto Nacional porque la oposición no aceptó aprobar oficialmente ese convenio. Fue su error, ¿o no?
La oposición toma decisiones erradas, se divide y se subdivide, no tiene un proyecto claro ni una propuesta convincente para las mayorías pobres que esperan soluciones a sus problemas, han perdido credibilidad y poder de convocatoria. Otras entidades como el Cosep o Amcham tienen más presencia y protagonismo político.
¡Pobre mi partido liberal! ¿Será posible que algún día resurja unido, renovado y fuerte? Porque los otros opositores solo son micropartidos. La dirigencia opositora ha cosechado lo que han sembrado. ¿No será suficiente para que se hagan ya una autocrítica seria y sincera?
El autor es abogado y periodista.
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