Diversas lecciones importantes se derivan de la elección presidencial mexicana del domingo pasado, que ganó el candidato del opositor Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto. La principal es la confirmación de que las elecciones libres y limpias son el mecanismo indispensable de una auténtica democracia. Otra, que la alternancia en el poder es también primordial para que funcione la democracia. Pero no solo la alternancia de las personas, sino también de los partidos, porque del mismo modo estos, cuando permanecen demasiado tiempo en el poder se vuelven arrogantes y autoritarios, se corrompen y pervierten el ejercicio de la autoridad pública.
En realidad, el hecho más relevante de las elecciones mexicanas del domingo pasado, aparte de la ratificación del sistema político democrático de México, es el retorno del PRI al poder que perdió hace 12 años por la derrota electoral sufrida ante la derecha democrática, representada por el Partido de Acción Nacional (PAN) y el empresario Vicente Fox como candidato presidencial.
Cuando el PRI fue enviado a la oposición en las elecciones de julio del año 2000, tenía 71 años de detentar el poder. Durante ese extenso período de siete décadas el PRI impuso y administró un sistema de gobierno autoritario que fue certeramente nombrado como “la dictadura perfecta”, por Mario Vargas Llosa, en una memorable conferencia que dictó en la misma capital mexicana el 30 de agosto de 1990. Una dictadura de hecho que se renovaba formalmente mediante elecciones fraudulentas y practicaba a la perfección el clientelismo político, el autoritarismo, la represión y la corrupción, todo ello envuelto en un falso lenguaje revolucionario.
Eso es lo que ahora se teme que pueda regresar a México, con la restauración del PRI en el poder. Se trata de un temor comprensible y justificado, aunque el ahora candidato triunfante, Enrique Peña Nieto, desde que comenzó su campaña electoral prometió que ese pasado nefasto no se repetiría bajo su gobierno, a lo que se volvió a comprometer este domingo por la noche, en el discurso que pronunció después de conocer los resultados preliminares que lo anunciaron como candidato vencedor.
Al respecto cabe señalar que el lúcido analista político mexicano, Enrique Krauze, ha observado que “este PRI puede ser parecido al del pasado, pero México ha cambiado radicalmente y esa es la verdadera gran noticia; es un país que está madurando en su vida política, que está construyendo ese complejo sistema político de fricciones, de persuasiones y negociaciones al que llamamos democracia”. Confiamos en que Krauze tenga razón, pues sería fatal para México y América Latina que se restableciera el vicioso sistema priista de gobierno en ese gran país del norte, tanto como si se hubiera impuesto la izquierda autoritaria representada por el nuevamente derrotado Andrés Manuel López Obrador.
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