Lucía Navas
Para conocer el rostro de un país pobre, solo basta caminar pocos minutos por alguna calle de Nicaragua. En Managua, la capital, ese rostro se encuentra fácilmente pidiendo dinero en los semáforos, donde la mayoría de los que mendigan son niños que ni siquiera cumplen los 10 años de edad.
En el interior del país, en el municipio de El Tortuguero, en la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS), vive la población que representa el grado más agudo de la pobreza, pues comer es cuestión de suerte. Son 20,520 los habitantes en El Tortuguero, de los cuales el 87.4 por ciento vive en pobreza extrema. Es la tasa más alta en todo el país.
¿Quién es pobre y quién es extremadamente pobre? El Banco Mundial (BM) —el organismo que reporta este indicador a nivel global— considera pobre a aquella persona que cuenta con dos dólares al día como poder adquisitivo para cubrir sus necesidades básicas principalmente alimentación.
Unos 42.5 de cada cien nicaragüenses viven en esa condición de pobreza, o al menos lo intentan. Es el dato de la Encuesta de Medición del Nivel de Vida del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide) para 2009.
Pero si la persona tiene 1.25 dólares diarios para sobrevivir al día, entonces es considerado pobre extremo, según el concepto del Banco Mundial. En ese umbral estaba el 14.6 por ciento de la población de Nicaragua en 2009, según el Inide.
“Dicen los estudios que la extrema pobreza (general) baja, pero la pobreza urbana crece. Eso evidencia que las políticas del Gobierno se centran en el sector rural y menos en lo urbano. También significa que los huérfanos de esas políticas son la clase media”, evalúa el economista René Vallecillo, sobre cómo gradualmente se reduce ese flagelo en Nicaragua, conforme las últimas mediciones.
SIGUE EN LOS ÚLTIMOS LUGARES
Los dos últimos años el Gobierno ha destacado la mejoría en este indicador como el “buen resultado” de los distintos programas de lucha contra la pobreza puestos en práctica. Uno de los principales, afirma el Gobierno, es el programa Hambre Cero, que está compuesto por el Bono Productivo Alimentario (BPA) y el Programa Agroalimentario de Semilla (PAS).
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“El compromiso de nuestro pueblo es seguir avanzando en sacar a más gente de la pobreza, no en quién está en el último lugar o el primer lugar de la cola. Más importante es cuánta gente cada año sacamos de la pobreza”, afirmó Acosta.
Para el ministro es satisfactorio que los mayores avances se den en el sector rural.
“Es lógico porque ha habido crecimiento económico en los productos agropecuarios más importantes: carne, leche, café. Ha habido mejores precios y volúmenes y eso ha impactado en el bienestar en la población rural”, dijo.
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Las recientes mediciones demuestran que en la “pelea” contra la pobreza se van obteniendo importantes triunfos. Y es que para 2001 el 45.8 por ciento de la población nicaragüense vivía en condición de pobreza general y el 15.1 por ciento en pobreza extrema, mientras que en 2009 la pobreza general bajó a 42.5 por ciento y la extrema a 14.6 por ciento.
En números absolutos parece pequeña la diferencia, pero los expertos en el tema aseguran que se trata de un importante avance, pues en la práctica significa que más gente está logrando mejoras en su condición de vida.
Pero el problema sigue siendo enorme y por ello Nicaragua sigue siendo el segundo país más pobre del continente americano. “Es latente el temor de que lo avanzado se revierta y la gente que pasó la línea de la pobreza extrema caiga de nuevo a esa condición”.
Como nación, solo Haití está peor en este indicador en el Continente. El 77 por ciento de los haitianos vive en pobreza general. Se desconoce cuánto avance o retroceso ha tenido Haití en este tema, pues el BM aún registra el indicador de 2001 como el oficial.
“La pobreza resulta extrema en gran parte de la población, tanto que sus ingresos no les alcanzan para adquirir un poco de arroz u otros alimentos básicos, debiendo alimentarse para subsistir con una especie de galletas hechas de lodo (barro), manteca vegetal y sal, que es vendida a bajo precio, lo que acarrea secuelas de desnutrición y otros males físicos”. Así se refieren a Haití en las páginas web de los organismos y agencias internacionales de asistencia alimentaria.
La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que la mitad de la población haitiana sobrevive con menos de un dólar al día.
¿QUÉ ESTÁ INCIDIENDO?
En lo que coinciden los expertos es que Nicaragua da pasos importantes que le están separando de Haití e incluso le podrían hacer subir en el ranking de medición de pobreza. El Gobierno le ha pedido a los organismos internacionales, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial de Comercio (OMC), la revisión de sus indicadores para que se le califique como país de renta media y no de renta baja, lo cual validaría los logros sobre la pobreza.
La no gubernamental Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (Fideg) está midiendo de manera más constante el tema. Los resultados de su encuesta de hogares en 2011 revelan que el 8.2 por ciento de los nicaragüenses viven en pobreza extrema. En cuanto a pobreza general, la población en este nivel habría bajado al 44.1 por ciento.

“Los resultados dejan entrever que en el 2011 habían alrededor de 75,000 pobres extremos menos que los que habían en el 2009 y de igual forma en el 2011 habían alrededor de 120,000 no pobres más que los que habían en el 2009”, analiza Enrique Alaniz, director de Investigaciones de Fideg.
Alaniz destaca que esos números sugieren “que hay una tendencia hacia la mejoría de las condiciones de vida de los hogares nicaragüenses, fundamentalmente en el área rural, donde se observó una reducción estadísticamente significativa en la incidencia de la pobreza extrema”.
¿Qué factores lo permiten? El incremento del ingreso, aumento en la recepción de remesas y los beneficios recibidos por los programas de asistencia del Gobierno, detecta Fideg.
Para Alaniz es llamativo que el 85 por ciento de la población encuestada percibe esta mejoría a un incremento de sus ingresos, “los cuales incluyen los salarios de todos los miembros del hogar, las ganancias de una actividad no agropecuaria por cuenta propia, y las ganancias de una actividad agropecuaria por cuenta propia”.
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