Papá, gracias por tu presencia
A veces la labor de muchos padres, heroicos, queda en el anonimato, silenciado por el escándalo de quienes no ejercen su paternidad, o están ausentes. La sociedad también contribuye cuando toma el camino de la indiferencia ante la figura del padre; como si se aceptara irremediablemente una familia, sin ellos.
Hijos, que crecen sin padres, eso es, como querer correr, en la olimpiada de la vida y solo tener un pie para sostenerse. Los hijos necesitan de ambos: padre y madre, complemento perfecto para que en esta carrera se logre alcanzar el triunfo, ante todo, como persona.
La ausencia del padre progenitor hace un impacto, aún en la especie animal, las hembras y los delfines enfermos nadan en el centro del grupo para ser protegidos por los machos. En su ausencia estarían desprotegidos ante los depredadores. Machos insustituibles. En algunas especies los hijos machos se tornan violentos en ausencia del padre progenitor macho.
En la especie humana, la reacción de los hijos, especialmente, varones es similar. Los jóvenes que presentan conductas antisociales, al preguntarles por sus padres, las respuestas son: “Ni lo conozco”, “Nunca lo he visto”, “No quiero saber quién es, nos abandonó”, y crecen con un profundo resentimiento, cobrando a la sociedad su nefasta factura.
Indispensable es la presencia de los padres, aquellos que logran inspirar en sus hijos un gran respeto. Preocupados por dar buen ejemplo; que cuidan su honorabilidad, conscientes del orgullo que es para sus hijos, el tener un padre intachable; o el sufrimiento para ellos, por la vergüenza, que genera lo contrario.
Todavía, hay padres, buenos amigos de sus hijos, pendientes de sus problemas, cariñosos; y les dan con generosidad el valioso regalo del tiempo, que será después un legado de inolvidables recuerdos.
Padres presentes dando seguridad y firmeza, que saben corregir oportunamente ejercen su autoridad, sin autoritarismo. Padres que se llenan de sabiduría, y son el eco de Dios, para velar por el bienestar, material y espiritual, de sus hijos. Todo por el bien presente y su felicidad futura.
Padres presentes, ante un peligro o en las dificultades; y logran desvanecer en los hijos, todo temor. En la historia de la humanidad son muchos los padres que han dado la vida por sus hijos; y una cantidad, la dan de manera discreta y heroica, en su faena diaria.
Padres así, todavía se pueden encontrar; con la seguridad y esperanza; que a futuro, no se excluyan, ni ausenten; ni la sociedad se proponga negar que son un pilar fundamental en la familia; y un gran aporte en la armonía social. Y así que los hijos puedan decir: “Papá, te queremos, gracias por tu presencia en nuestras vidas” .
Un gloria al padre de la tierra
El silencio es la señal de esta comunicación estrecha con el ser vivo, el Dios crucificado y resucitado personificado en tu Santo Nombre y en la imagen de mi padre. El canto de los pájaros abraza el día. Y yo abrazo la idea de tenerte siempre junto a mi Padre querido. El viento se detiene y el amor se queda en el alma, empequeñeciendo mi existencia ante la magnitud de tu Santo amor y junto a él, te pienso.
Tu sencillez me estremece hasta sellarme el alma y empaparme el corazón. Te pienso tierno, te pienso sonriente y te descubro en cada sonrisa Padre mío y cada palabra de aliento llena de sabiduría, pues en cada andar y en cada decisión, es tu ejemplo el que me guía con ardiente amor paternal.
Y ya ahora a la vuelta de los años, recuerdo cuando me cuidabas siendo yo una niña y hoy le pido a Dios verdadero me dé el privilegio de cuidar de ti con genuino y esmerado amor de hija, y hacer mío el proverbio de “Oíd, hijos, la enseñanza de un padre, y estad atentos, para que conozcáis cordura” y sentir que honro el nombre de Dios y el tuyo propio.
Te amo papá, como amo el Sol, la Luna y las estrellas porque tú y ellas son la más divina y palpable manifestación del grande amor de Dios.
Y así en un éxtasis diáfanamente iluminado por tu recuerdo y tu imagen clavada en mi memoria y en mi corazón. Celebro el Día del Padre, de ese padre que me dio la vida, que me sostiene día a día y que me hace recordar la pasión de Jesús Sacramentado.
Porque hoy, al celebrar este día, celebro el día del amor y me inclino ante ti Padre Amado, para agradecerte por este regalo tuyo al darme a Napoleón Cruz González como padre.
Hay embriaguez dentro de mí, emociones que saltan y que solo claman un nombre y un amor y es el tuyo, Gran Salvador, que diste vida a mi padre terrenal y haces de mí una sierva que clama tu perdón y busca con ahínco edificar tu Santo Reino en medio de una Iglesia doméstica encabezada por mi padre. ¡Feliz día del Padre!
Ivet Cruz
Homenaje al padre Julio
Recientemente leí sobre el fallecimiento del padre Julio María López de la Fuente e inmediatamente me vinieron numerosos y muy gratos recuerdos del padre Julio junto con sentimientos de tristeza y alegría.
Tristeza porque se nos lleva el Señor uno de los grandes en todos los sentidos, un ser humano extraordinario que sirvió toda su vida a tantos con tanto amor y dedicación.
Un amigo incondicional de la humanidad, y especialmente de Nicaragua, lleno de amor a Dios y al prójimo.
Un maestro de generaciones que desde temprano en su vida sirvió en su función de educador, también destacada y extraordinaria. Fue por muchos años decano de la Facultad de Ingeniería Electrónica y junto con su hermano Adolfo López de la Fuente, los pilares de la Facultad de Ingeniería en la UCA.
El padre Julio fue un destacado científico nicaragüense de calidad extraordinaria a nivel mundial, con un doctorado en Ingeniería Electrónica, y una larga y exitosa carrera de investigación del recurso natural más importante, el Sol.
Él fue escogido por Dios entre los hombres a favor de la humanidad, y en particular a favor de Nicaragua. Los beneficios de su noble y amoroso trabajo se sienten en los muchos a quienes tocó con su luz y en las generaciones que los siguen. Soy testigo de estos beneficios que ahora están también en mis hijos, y estarán en los hijos de mis hijos.
Conocí al padre cuando nos impartió un curso de electrónica y recién comenzaba a dedicarse a la investigación de la radiación solar en Nicaragua. Su clase era magistral, era riguroso pero muy humano, un experto en el arte y ciencia de enseñar.
Un día tuve la idea que podía trabajar en la investigación solar, y el acierto de golpear su puerta y solicitarle el trabajo, ese mismo día me dio un escritorio y me puso a trabajar.
Era incansable y disciplinado, sacaba energía de sus oraciones, y servía, servía, servía a tantos. En esos años ochenta, creó una red completa para el estudio de la radiación solar en Nicaragua. La base de datos y los estudios de análisis de la misma que nos dejó son invaluables, y sin duda seguirán sirviendo a los investigadores que le siguen, a los diseñadores y a los estudiosos de la radiación solar.
Todavía resuenan en mi mente sus palabras: “Por el amor de Dios que sé lo que busco” cuando nos sentábamos en la computadora como él lo llamaba “a cuatro manos”, el ponía la inteligencia y yo mis manos.
Enseñó tanto a tantos, con su ejemplo, con su vida.
Por eso también siento una gran alegría de saber que, un hombre así, ha sido elegido en el cielo, a como lo fue en la tierra, y tiene un lugar especial en el reino de Dios.
Descanse en paz querido padre Julio, soldado de la Compañía de Jesús y elegido entre los hombres a favor de la humanidad.
César Robelo Callejas
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