Río de Janeiro/AGENCIAS
“La cumbre fue una decepción aquí adentro (sede de las reuniones), pero allá afuera ocurrieron muchas cosas”, comentó Marcello Furtado, director de Greenpeace en Brasil, quien citó como ejemplo una iniciativa empresarial para generar energía limpia en comunidades pobres que podrían obtener beneficios económicos en el proceso.
Jim Leape, director del World Wildlife Fund, citó un acuerdo adoptado por alcaldes de 40 grandes centros urbanos para mejorar el manejo de desechos sólidos para reducir en 40 por ciento sus emisiones de gas metano, uno de los causantes del calentamiento global.
“Ahora debemos trabajar juntos para formar un movimiento que enfrente la crisis económica, ecológica y de igualdad que está siendo impuesta a nuestros hijos. El único resultado de esta cumbre es una rabia justificada, una rabia que debemos transformar en acción”, expresó Kumi Naidoo, de Greenpeace Internacional.
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“Se debe dar a las mujeres el poder de tomar decisiones sobre si quieren tener hijos y cuántos”, afirmó Clinton.
La primera ministra de Dinamarca, Helle Thorning-Schmidt, reclamó en su discurso ante una cumbre dominada por hombres: “Me hubiera gustado ver la importancia de los derechos reproductivos reconocida en el resultado de la Río +20”. “Los derechos de las mujeres deben estar en el centro de esta transición” hacia el desarrollo sostenible del planeta, añadió.
El texto final de la Río +20 reconoce la necesidad de avanzar en la igualdad de género y la importancia de la salud sexual y reproductiva, pero los negociadores retiraron en su última versión la mención a los derechos reproductivos.
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L a cumbre Río +20 culminó ayer en Brasil con la aprobación de un modesto plan para avanzar hacia una “economía verde” que frene la degradación del medioambiente y combata la pobreza.
La cumbre, la mayor en la historia de la ONU, reunió durante 10 días a líderes y representantes de 191 países 20 años después de la histórica Cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro, que tomó decisiones para combatir el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desertificación.
El texto final fue saludado por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, como un “muy buen documento, una visión sobre la cual podemos construir nuestros sueños”.
“Brasil fue el responsable por construir un consenso posible. El consenso posible es un punto de partida y no de llegada”, señaló por su parte la anfitriona de la cumbre, la presidente brasileña Dilma Rousseff.
El acuerdo “es la definición de la economía de los próximos 20 o 30 años”, estimó André Correa do Lago, jefe negociador de Brasil. “Los líderes del mundo se reunieron en Río de Janeiro para decir que la prioridad máxima del mundo es la erradicación de la pobreza, y la segunda prioridad es un cambio de los patrones de consumo y producción que sean viables para un mundo que tendrá 9,000 millones de habitantes para 2050”, afirmó.
ACUERDO EN 53 PÁGINAS
El documento final adoptado por los líderes mundiales subraya las principales amenazas: desertificación, agotamiento de los recursos pesqueros, contaminación, deforestación, extinción de miles de especies y calentamiento climático, catalogado como “uno de los principales desafíos de nuestro tiempo”.
También lanza un proceso para adoptar Objetivos de Desarrollo Sostenible que midan los avances sociales y ambientales de los países, y que reemplazarían a los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU cuando estos expiren en 2015.
El acuerdo impulsa la transición hacia una “economía verde”, un concepto promovido por los europeos, pero criticado por varios países en desarrollo y activistas, que temen que represente la mercantilización de la naturaleza y promueva el proteccionismo en detrimento de las naciones pobres.
El Grupo de los 77 países en desarrollo (G77), más China, reclamaron al inicio de la conferencia un fondo de 30,000 millones de dólares anuales para poder cumplir con las metas socioambientales, pero en un contexto de crisis económica mundial, el acuerdo final no define cifras.
En cuanto al Programa de Medio Ambiente de la ONU (PNUMA), que los europeos querían transformar en organización mundial, se decidió que por ahora solo será fortalecido, como querían Brasil y Estados Unidos.
El presidente de República Dominicana, Leonel Fernández, advirtió que el mundo avanzó poco desde la histórica cumbre Eco 92. “Al igual que muchos, nos sentimos desilusionados porque durante las últimas dos décadas, a pesar de algunos adelantos, no se ha progresado con la celeridad que el mundo reclama y la conclusión de este cónclave no parece estar a la altura de lo que, para su reparación, nuestra madre tierra exige”, declaró Fernández. El mandatario reconoció que la crisis financiera global que golpea especialmente a los países ricos les impidió adoptar los compromisos financieros necesarios para impulsar un nuevo modelo de desarrollo para el mundo.
La ministra brasileña de Medio Ambiente, Izabella Teixeira, criticó a los países ricos por no comprometerse con financiamiento, mientras que fueron los países pobres los que asumieron metas más ambiciosas. Su comentario pareció una respuesta a declaraciones hechas entre bastidores por delegaciones europeas que se quejaron de la falta de definiciones en torno a temas que consideraron relevantes, como el concepto de economía verde, que quedó reducido a lo que cada país considera posible hacer para adoptar un modelo productivo más amigable con el ambiente.
La ministra destacó que el acuerdo arroja avances importantes, como la adopción de un plan de diez años para promover un consumo sustentable, la decisión de establecer metas de desarrollo sustentable a ser definidas por un grupo internacional de treinta expertos y la búsqueda de una nueva forma de medir el producto interno bruto (PIB) que incluya variables ambientales. Señaló también como positivo un acuerdo para la protección de los océanos que prevé la elaboración de un nuevo tratado internacional para su preservación.
Activistas consideraron que la congregación de unas 50,000 personas en Río de Janeiro tuvo mejores resultados en los múltiples eventos que rodearon el pabellón donde se reunían los delegados gubernamentales.
“La cumbre fue una decepción aquí adentro (sede de las reuniones), pero allá afuera ocurrieron muchas cosas”, comentó Marcello Furtado, director de Greenpeace en Brasil, quien citó como ejemplo una iniciativa empresarial para generar energía limpia en comunidades pobres que podrían obtener beneficios económicos en el proceso. Jim Leape, director del World Wildlife Fund, citó un acuerdo adoptado por alcaldes de 40 grandes centros urbanos para mejorar el manejo de desechos sólidos para reducir en 40 por ciento sus emisiones de gas metano, uno de los causantes del calentamiento global. “Ahora debemos trabajar juntos para formar un movimiento que enfrente la crisis económica, ecológica y de igualdad que está siendo impuesta a nuestros hijos. El único resultado de esta cumbre es una rabia justificada, una rabia que debemos transformar en acción”, expresó Kumi Naidoo, de Greenpeace Internacional.
“Se debe dar a las mujeres el poder de tomar decisiones sobre si quieren tener hijos y cuántos”, afirmó Clinton. La primera ministra de Dinamarca, Helle Thorning-Schmidt, reclamó en su discurso ante una cumbre dominada por hombres: “Me hubiera gustado ver la importancia de los derechos reproductivos reconocida en el resultado de la Río +20”. “Los derechos de las mujeres deben estar en el centro de esta transición” hacia el desarrollo sostenible del planeta, añadió. El texto final de la Río +20 reconoce la necesidad de avanzar en la igualdad de género y la importancia de la salud sexual y reproductiva, pero los negociadores retiraron en su última versión la mención a los derechos reproductivos.
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