Gloria Picón Duarte
Federico García Naranjo, politólogo y catedrático de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia, manifestó en una entrevista a LA PRENSA en la Universidad Centroamericana (UCA), donde ha sido invitado a dictar algunas cátedras, que además del simbolismo que acompaña al presidente inconstitucional Daniel Ortega por su participación en la Revolución Sandinista, en la oposición no hay nada que mostrar.
También manifiesta que los gobiernos “progresistas” de América Latina han reivindicado sus derechos a los sectores populares y los han visibilizado, de ahí el apoyo que han mantenido a pesar de las violaciones a las leyes.

¿Por qué cuando se hacen denuncias sobre problemas de corrupción, de derechos humanos, la gente no se moviliza?
Probablemente porque sus intereses sean otros, probablemente porque ese régimen que puede estar teniendo prácticas con las que no estamos de acuerdo y que denunciamos (…) Por ejemplo Álvaro Uribe (expresidente de Colombia) logró convencer a buena parte de la población de que él era el líder que iba a transformar el país, lograr la paz, la prosperidad y luego de ocho años hemos visto que la estrategia de comunicación empezó a desmoronarse y empezamos a conocer cantidad de casos de corrupción, abusos violaciones a los derechos humanos, mentiras, manipulación, toda suerte de prácticas indeseables, pero vas a ver que aún tiene índices de popularidad altísimos.
¿Cree que resolvió sus intereses?
No es tanto resolver, pero significa algo, son personas buenas que sentían simpatía y a pesar de las evidencias siguen sintiendo simpatía y no es porque sean tontas, sino porque representa algo para ellas que es muy importante, representa un líder con un carácter que tiene claro hacia dónde llevar al país.
¿Usted cree que sea un caso similar al de Nicaragua, donde hemos visto tres fraudes electorales seguidos y Daniel Ortega sigue teniendo gente fiel?
Pienso que sí. Yo pienso que lo que representa la figura de Daniel Ortega o del sandinismo, pero no Daniel Ortega como persona o el sandinismo como organización, sino el sandinismo que derrocó una dictadura tiene un impacto enorme y eso significa para la gente muchas cosas. Hay ahí una tradición simbólica, más que lo que son o lo que hacen, es lo que significan y eso para la gente tiene un impacto enorme y no es porque la gente no tenga la capacidad de comprender. La gente sabe, no es boba, la gente sabe las equivocaciones que han cometido en el poder, los excesos que han tenido, la gente no asume que Daniel Ortega es un apóstol, no, no, lo tienen perfectamente ubicado. Pero claro hay que ver qué significa el Frente Sandinista y segundo hay que ver quiénes se le oponen y desde dónde se le oponen. Vamos a mirar quiénes son los partidos de oposición. No hay mucho que mostrar, el señor (Arnoldo) Alemán, uno va a mirar y tampoco es que sean un dechado de virtudes y que sus gobiernos hayan favorecido la igualdad social y la reivindicación popular, no lo hicieron(…)
¿Usted cree que lo que falta es un líder que pueda hacer frente a esa figura en el sandinismo?
Yo no creo tanto en los liderazgos que todo lo resuelven, al contrario le tengo profunda desconfianza. Mirá lo que pasó con Uribe, su calidad de líder lo que hizo es que se generara toda suerte de corruptela, violaciones a los derechos humanos. Yo pienso que lo que ha hecho el pueblo nicaragüense en los últimos años, que no sé si está bien o mal, es algo que la historia va a evaluar, pero lo que sí creo que ese apoyo a los sandinistas expresa una condición por parte de los nicaragüenses de reivindicación de buena parte de sus intereses. Mucha gente puede pensar: Daniel puede ser un ladrón, un asesino, un pícaro, lo que sea, pero si no es Daniel, ¿quién? Si no estuviera Daniel y estuviera cualquier otro ¿qué tal que sea peor? Es una percepción que puede tener la gente y no lo hace porque sea tonta, sino porque lo que simboliza. En la oposición no hay nada que mostrar, entonces mucha gente dice: “Por lo menos nos visibilizan, nos llevan a hacer bulto a las manifestaciones”.
¿Es más fuerte ese simbolismo ante la realidad de que Ortega se quiere perpetuar en el poder?
Ahí hay que hacer una reflexión frente a lo que consideramos democracia y lo que es democrático. Hay una tensión muy fuerte entre la idea tradicional de democracia, un sistema con elecciones libres y periódicas, con alternación de partidos políticos en el poder, con transparencia institucional, vigencia de derechos humanos, es decir lo que entendemos por una democracia y los resultados concretos y prácticos que la implementación de esos sistemas democráticos han dado en América Latina. Lo que hemos visto es que hemos tenido sistemas democráticos, pero lo que tenemos es que somos el continente más desigual del mundo, no el más pobre, porque ese es África, pero sí el más desigual.
A mediados de los noventa cuando se hacían esas encuestas del Latinobarómetro empezó a surgir un fenómeno muy preocupante para los analistas, porque expresaba que la mayoría de los latinoamericanos preferían un régimen dictatorial siempre y cuando se garantizara la ropa, comida, salud, a un régimen democrático (…).
Todos los regímenes están en manos de pícaros, porque todo el que está en el poder si mira la posibilidad de tener algo para sí lo hace, pero si ese que está ahí es suficientemente inteligente como para que sus decisiones generen legitimidad y opinión popular, porque tiene resultados, a la gente termina importándole menos que no sea honesta, porque tiene resultados.
¿Con una eventual caída de Hugo Chávez, ya sea porque su salud desmejore o porque pierda las elecciones, irán los otros gobiernos de izquierda detrás?
Yo no creo porque no ha sido automática la ascensión. En América Latina han surgido gobiernos de izquierda no por Chávez. Él fue el primero y el más estridente, pero él no es el líder, si los demás pueblos eligieron gobiernos de izquierda no fue por Chávez, sino porque habían condiciones socioeconómicas cada vez peores en América Latina vinculadas a altos niveles de corrupción.
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