El periódico de Estados Unidos, The Wall Street Journal, publicó en su edición en español del domingo pasado, 17 de junio de 2012, un artículo del periodista y escritor político William J. Dobson, titulado “Los dictadores modernos invocan la democracia”, que por su contenido y lo que atañe a Nicaragua consideramos necesario comentar aunque sea de manera sucinta.
Dobson, cuyo último libro es La curva de aprendizaje de los dictadores: En el interior de la Batalla Global por la Democracia , señala que aún quedan algunas “dictaduras retrógradas de la vieja escuela, como Corea del Norte, Turkmenistán y Guinea Ecuatorial”, que “son capaces de grandes crímenes, como nos recuerdan las espantosas escenas de Bashar al Assad en Siria”. Pero los nuevos regímenes autoritarios son encabezados por dictadores “más inteligentes”, quienes “entienden que en un mundo globalizado las formas más brutales de intimidación —como las detenciones en masa, los pelotones de fusilamiento y las violentas represiones— son mejor remplazadas por formas más sutiles de coerción”.
Especifica Dobson que “en lugar de detener miembros de grupos de derechos humanos, Vladimir Putin, de Rusia, despliega recaudadores de impuestos o inspectores sanitarios para desactivar a disidentes. En Venezuela, Hugo Chávez se asegura de que las leyes estén redactadas en términos generales y luego las utiliza como un bisturí para atacar a los grupos que él considera una amenaza. En vez de disparar a todos los medios, los déspotas de estos tiempos hacen excepciones para pequeños medios —en general periódicos— que permiten un debate público limitado”.
Recuerda el escritor estadounidense que “los líderes soviéticos solían organizar elecciones y anunciaban que habían ganado con 99 por ciento de los votos. Hoy, los operarios del Kremlin dejan de llenar las urnas electorales cuando ya alcanzaron 70 por ciento de los votos. Los dictadores modernos entienden que es mejor dar la impresión de ganar una elección reñida que robarla abiertamente”.
En su artículo sobre los nuevos regímenes autoritarios Dobson no incluye a Nicaragua, pero no era necesario hacerlo. El orteguismo es una copia más de ese modelo dictatorial que en algunos casos es peor y en otros es menos malo que los casos de Rusia y Venezuela. Por ejemplo, en cuanto a manipulación de las elecciones Daniel Ortega es evidentemente más chambón que Putin y Chávez, ya que en Nicaragua los fraudes electorales no pueden ser más grandes, descarados y escandalosos.
Pero William J. Dobson no solo menciona el mal sino también el remedio. Dice que aunque “el autoritarismo moderno es más duradero que el destino de un solo dictador, ( ) tiene sus vulnerabilidades” y sugiere que el fin de esos regímenes está en las calles y la plaza, es decir, en la movilización de la población bajo las banderas democráticas. De allí que para los nuevos dictadores, dice Dobson, “el reto no es tener armas suficientes para atropellar a su gente en las calles, sino evitar que aprenda a manifestarse”.
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