Desde mañana miércoles hasta el viernes de esta semana se celebrará en la ciudad brasileña de Río de Janeiro la IV Cumbre de la Tierra o Conferencia Río + 20. Esta asamblea mundial de las Naciones Unidas sobre el medioambiente es denominada así porque se celebra 20 años después de que en esa misma ciudad se celebrara la II Cumbre de la Tierra, en junio de 1992. Las otras dos cumbres mundiales sobre el medioambiente fueron, la primera en Estocolmo, Suecia, en junio de 1972, y la tercera en Johannesburgo, Sudáfrica, del 23 de agosto al 5 de septiembre de 2002.
Para la IV Cumbre de la Tierra que comienza mañana, se están dando cita en Río de Janeiro no solo jefes de Estado y de Gobierno y otros altos funcionarios gubernamentales con sus asistentes y acompañantes, así como líderes de las ONG ecologistas, sino también turistas ambientalistas de diversas partes del mundo. Pero aunque se trata sin duda de un gran acontecimiento mediático, de este no se esperan grandes resultados.
En el informe preparado por la ONU para la IV Cumbre de la Tierra, se reconoce que no se han cumplido los objetivos planteados en las cumbres anteriores, sobre todo los de hace veinte años en la de Río de Janeiro, que ha sido la más ambiciosa. De manera que pareciera ser correcta la crítica del célebre escritor portugués y Premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago (1922-2010), de que “la mayoría de las veces las campañas ambientales solo benefician a las agencias publicitarias”.
A juicio de expertos ambientalistas internacionales, en estas cumbres sobre el medioambiente ha faltado un enfoque adecuado del problema y una acertada determinación de prioridades. Precisamente por eso, el experto sueco en problemas ambientales, Bjorn Lomborg, ha advertido que probablemente la conferencia Río + 20 “sea una oportunidad perdida” pues “ha puesto la mira en el blanco que no debía”, al centrarse en la lucha contra el calentamiento global siendo que la principal amenaza actualmente es la contaminación del agua y el aire.
Según Lomborg, aún cuando erróneamente se diera por sentado que el calentamiento planetario “causó todas las muertes provocadas por inundaciones, sequías, olas de calor y tormentas, el total ascendería a tan solo el 0.06 por ciento de todas las muertes en los países en desarrollo”. En tanto que el 13 por ciento de esas muertes son consecuencia del consumo de aire y agua contaminada, o sea que es en este problema que se debe poner el acento de la estrategia de acción medioambiental.
Por cierto que en este sentido Nicaragua ofrece un dramático ejemplo de contaminación letal de las aguas de los ríos y sobre todo de los lagos, no solo por falta de previsión y educación ambientalista de la gente sino sobre todo por la inutilidad e irresponsabilidad de sus gobernantes.
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