Algunos amigos dentro del país que comparten nuestro amor por Nicaragua y que están de acuerdo con algunos de nuestros planteamientos en torno al desastre institucional que se vive, nos han sugerido que hagamos del público conocimiento algunas ideas sobre las Reformas de Estado que se necesitan, según nosotros, para que nuestra nación pueda superar la pobreza y el subdesarrollo en que nos encontramos.
Este opúsculo no pretende más que ser una aportación a la difícil encrucijada en que nos debatimos; entre un gobierno producto de la usurpación y un pueblo que duda de la legitimidad de sus instituciones. Hay que encontrar necesariamente una salida. Y esta tiene que pasar ineludiblemente por cambios profundos en nuestra sociedad y en la mentalidad de nuestros dirigentes. Se trata nada más y nada menos que del futuro de Nicaragua y por lo consiguiente, de los nicaragüenses todos.
Para los compatriotas que disfrutan de la paz engañosa actual y para los pusilánimes que dicen que no existe esa salida, les decimos que sí existe y que esta podría implementarse si fuéramos capaces de auscultar el corazón de nuestro pueblo y ponernos a tono con sus legítimas y más sentidas aspiraciones.
Algunas reformas de Estado que estamos considerando someter próximamente al escrutinio público son las siguientes:
I. Convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) precedida de la elección de un nuevo Consejo Supremo Electoral (CSE) cuyos magistrados sean electos a propuesta de la sociedad civil y que no pertenezcan a ninguno de los partidos políticos beligerantes.
II. Poder Ejecutivo: Alcanzada la preeminencia de la soberanía popular, ya que los diputados elegidos serán producto de la legítima e inobjetable voluntad nacional, la Constituyente procederá a elegir un presidente de la República por un período de 3 años. Este último no podrá ser candidato a la Presidencia en los dos próximos períodos de gobierno.
III. Poder Judicial: La ANC procederá a la elección de siete magistrados de carácter vitalicio, los que deberán ser escogidos entre los miembros del Colegio de Abogados y organizaciones afines de la sociedad civil basados en su independencia y trayectoria impoluta al servicio de la justicia y del foro nacional. Su función será reorganizar totalmente el poder judicial, condicionados únicamente en su obediencia a la Constitución y demás leyes de la República.
IV. Poder Electoral: La ANC elegirá a tres magistrados para integrar el CSE. Estos deberán ser seleccionados a propuesta de la sociedad civil y de consenso con los partidos políticos reconocidos.
V. Poder Legislativo: Elección nominal de los diputados por cada departamento. Podrán ser candidatos, además de los representantes de los partidos políticos, cualquier organización de la sociedad civil o persona en particular que reúna determinado numero de firmas ciudadanas.
Conscientes de que como decía el poeta Machado: “Caminante no hay camino/se hace camino al andar”, estas son algunas premisas que adelantamos desde el aspecto político. Tenemos otras en el campo económicosocial y en relación con el papel que deben desempeñar la Contraloría (combate efectivo de la corrupción), el Ejército y la Policía Nacional, todo orientado a convertir Nicaragua en un oasis de paz y prosperidad que atraiga la inversión extranjera, fomente el pleno empleo y promueva el Desarrollo Nacional.
Hacemos estas sugerencias de interés público porque estamos convencidos de que al final del túnel en que nos encontramos lo que nos espera es una nueva guerra. Los nicaragüenses queremos paz pero también queremos libertad. De ahí que urge renovar el pacto social que establezca las bases de la reconciliación nacional auténtica y definitiva. Quienes piensan que pueden imponer una dictadura de 45 años como la de los Somoza están equivocados. Nicaragua es como un volcán, que tarde o temprano va a entrar en erupción, por lo que vale más prevenir que lamentar. Tratemos de evitar que eso pase.
El autor es Secretario General de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE)
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