El periodista y escritor español catalán, Lluís Bassets, ha escrito que “no hay revolución sin decepción”. Bassets se refiere a las revoluciones de la llamada “primavera árabe”, pero su aserto es válido para todas las revoluciones que han ocurrido en el mundo.
Que toda revolución causa decepción lo demuestran en Nicaragua las confesiones de antiguos revolucionarios sandinistas prominentes, así como también las amargas declaraciones de los desmovilizados del Ejército Popular Sandinista y el Ministerio del Interior, ahora llamados Ejército de Nicaragua y Ministerio de Gobernación, que reclaman indemnizaciones por los servicios revolucionarios que prestaron en el pasado.
Al respecto LA PRENSA publicó en su edición de ayer un reportaje titulado “Ni gracias les dieron por la revolución”, ilustrado con la fotografía de un desmovilizado del Ejército sandinista, el señor Francisco Miranda, con la cabeza y el rostro ensangrentados por la golpiza que le propinaron efectivos de la Policía. La foto fue tomada durante la represión de una protesta callejera de los militares sandinistas desmovilizados, que exigen una indemnización por los años de servicio militar que prestaron y los sacrificios que hicieron para defender una revolución que después los dejó en el desamparo.
Casi todas las revoluciones han provocado grandes decepciones: porque no cumplieron lo que prometieron, porque sustituyeron las dictaduras con regímenes dictatoriales que resultaron peores, porque crearon más desgracias económicas, sociales y humanas que las que pretendieron remediar y por las feroces luchas y purgas intestinas por el control o mayores cuotas de poder.
Las dos grandes revoluciones que han ocurrido en Nicaragua hasta ahora, la liberal de 1893 y la sandinista de corte socialista de 1979, no fueron la excepción y también produjeron muchos males y decepciones. No solo defraudaron a la población en general, que en vez de la felicidad social que le prometieron tuvo que sufrir nuevas dictaduras y otros sistemas de opresión, sino también decepcionaron a no pocos revolucionarios que vieron sus ideales frustrados y se sintieron traicionados.
En el reportaje de LA PRENSA antes mencionado, otro de los antiguos miembros del Ejército sandinista que el 31 de mayo recién pasado fueron reprimidos violentamente por la Policía orteguista, el señor Félix Amador declara con amargura que: “A los grandes le han servido, pero nosotros que fuimos los escuderos de la revolución nos hacen de menos y si protestamos nos mandan a agredir ” El señor Amador se refiere seguramente a que el actualmente régimen orteguista reparte privilegios a muchos advenedizos del sandinismo, que incluso regala ricas propiedades y otros valiosos bienes a personas allegadas a la cúpula del FSLN y particularmente a la familia gobernante, pero a ellos, los excombatientes sandinistas, los mantiene en el abandono y la miseria.
Quizás el señor Herrera y sus compañeros desconocen las reglas de la historia y los mecanismos sociológicos por los cuales las revoluciones siempre e inevitablemente causan decepciones. Sin embargo sienten en su propio pellejo la amargura de esa decepción, mientras otros, arriba, disfrutan el botín de la revolución.
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