Humberto Galo R.
Su construcción data de los años 40 y los trabajos de mantenimiento no han sido los adecuados. A esto se suma el crecimiento desordenado de la capital. Todo hace que la red de alcantarillado sea cada vez más frágil.
La ausencia de un orden de crecimiento urbanístico, la deforestación en la cuenca sur y la actitud de muchos de sus habitantes son factores que también inciden en lo frágil y caótica que se vuelve Managua cada vez que llueve.
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Prueba de ello son las 80 llamadas diarias que en promedio recibe la Empresa de Acueductos y Alcantarillados (Enacal), la mayoría se refieren a daños y problemas en la red de alcantarillado sanitario.
Marvin Pomares, representante del Instituto Nicaragüense de Defensa de los Consumidores (Indec) señaló que tan solo la semana pasada esta institución recibió “quejas por manjoles taqueados en los barrios Monseñor Lezcano, Villa Reconciliación, Costa Rica y San Judas”.
Otras zonas de la capital que experimentaron daños en sus sistema de alcantarillas fueron barrios populares tales como René Polanco, Reparto Schick, Héroes y Mártires del Ayapal, la URRS, Villa Progreso y El Recreo.
Ruth Selma Herrera, Coordinadora de la Plataforma por el Desarrollo Sostenible de Nicaragua y además expresidente ejecutiva de Enacal, sostiene que mientras no se diseñe un plan estratégico en el que se establezca una solución integral al problema, la población seguirá recibiendo la peor parte, tal como ocurrió en barrios, repartos y urbanizaciones de Managua la semana pasada.
“Los sistemas de alcantarillados se diseñan para cumplir ciertas características: tamaño del barrio, volumen de carga de agua a transportar. La vida útil estará en dependencia de los materiales usados y teniendo en cuenta los planes de crecimiento de la ciudad para así poder acoplarla con los nuevos barrios y repartos, pero también a esto hay que agregar el problema de la basura lanzada al sistema de alcantarillas”, señaló Herrera.
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