Edgard Rodríguez
Ojalá su ascenso a Triple A, se convierta en el impulso que Juan Carlos Ramírez necesitaba para recuperar el entusiasmo y fortalecer su determinación de subir al beisbol de las Grandes Ligas con los Filis de Filadelfia.
Dueño de un exuberante físico (6’4 pies y 240 libras) y de innegables habilidades, entre las que resaltan su fortaleza, Ramírez ha sido depositario de grandes expectativas desde su firma en el 2006 por Seattle, desde donde pasó a los Filis.
Pero algo ha pasado con Juan Carlos, porque ha bajado el ritmo. Su inicio en Venezuela en 2006 fue prometedor. Tuvo 5-1 y 1.66, con 56 ponches en 65 entradas. Desde entonces, ha crecido, pero en medio de luchas con su control y su repertorio.
Su mejor año en mi opinión, fue 2008. Su récord fue de 6-9 y 4.14. Pero ponchó a 113 en 124 innings y solo dio 38 bases. Es decir, registró una frecuencia de 8.2 ponches por cada nueve entradas y su control fue de 2.8 bases por nueve episodios.
El año pasado su frecuencia de ponches bajó a 5.6 por cada nueve innings, mientras las bases subían a 3.4 por cada nueve entradas. Este año, utilizado como relevista, no logró mejorías significativas en estos aspectos, pero sí en varios otros.
Por ejemplo, en 2010 le bateaban un promedio de 10.3 hits por cada nueve entradas. Ahora bajó a 6.6. De ahí que los contrarios solo le bateen .200. Y su Whip (bases más hits entre innings lanzados) bajó de 1.45 en 2011, a 1.24 ahora.
Estamos en presencia entonces de un lanzador que poncha menos, pero domina más. Y en esencia, eso es el picheo, sacar la mayor cantidad de outs, con el menor número de envíos posibles.
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