Anita Ch. de Holmann
En el diccionario se podrían leer unas palabras muy descriptivas: “Generadora, multiplicadora, acogedora, protectora, da vida, misterio, magia, alegría, dolor, sacrificio, compresión, es amor y esperanza”. Todas estas palabras significan: “ser madre”.
La mayor y más hermosa expectativa de una mujer es ser madre; milagro que se da por medio de la unión en el amor de un hombre y una mujer que dan vida a un nuevo ser y que, desde ese mismo instante ella tendrá en sus entrañas un nuevo corazón o muchos corazones que van a ser por siempre su propio corazón, aunque el cordón umbilical se corte, palpitará en ella al unísono el de cada uno de sus hijos.
Mientras la madre vive, persigue el bienestar y el buen andar del hijo, ella lee en sus ojos y mide en ellos la dimensión de sus ilusiones, sus pensamientos, de lo lejano e inalcanzable de sus sueños, anhelos, mide la dimensión de su silencio Ella espera a veces, sin desesperar
Reza y en su oración callada susurra: ¡Dios te salve Reina Madre de esta tierra, no permitas que en tu Nicaragua haya un desmadre! Porque eso significaría que no hallan ya más madres, como cuando hay ausencia de amor, y sin amor no podrán los vientres florecer ya nunca más.
¿Y qué haría el mundo ya sin madres? Solo quedaría una tierra estéril, sombría sin luz y sin calor, sin eco, habría un suspenso y profundo silencio; no habría ni siquiera llanto
Hasta la naturaleza celebra este don nombrando su hermosa creación, por eso decimos: Madre Tierra, Sierra Madre. Río Madre, Madre Iglesia, Reina Madre y Madre Patria: La que nos vio nacer, crecer, nos acoge en su suelo bajo su cielo y su bandera azul y blanco y nos guarda por siempre al final en su seno.
Pidámosle a Ella, que es Madre de todas la Madres, nos acoja en su vientre de misericordia
Madre es una que abre el corazón cuando quiere y, ella siempre tiene la voluntad de querer.
Madre es la que ha dibujado en su vientre desde un cuerpo hasta unos sentimientos junto con la sombra misteriosa y mágica del Creador y luego al ver al hijo abrir los ojos a la luz y oír su llanto ante el mundo por primera vez, le parece haberle visto y oído siempre, sonríe y exclama: ¡Así lo soñaba! ¡Esto era lo que quería!
Madre es la que enjuaga las lágrimas inocentes del que aun no sabe lo que le aguarda la vida y se las cambia por besos; ella ha dibujado muchas veces en su frente una estrella que es como una guía de lo que soñará para él.
Ella es quien ha dibujado cada noche antes de dormir en su frente una cruz para que durmiera tranquilo sus sueños de niño y marca la ruta de sus pasos de hombre o de mujer en su caminar por la vida.
¿Cómo puede una madre asesinar a este fruto de vida en su propio vientre? Esto causa el dolor de la Madre de todos nosotros los pecadores.
¡Oh Reina y Madre, bendícenos en esta tierra en la que te dignaste poner tu pie virginal!
La autora es madre de siete hijos.
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