Por: Juan Carlos Ampié
Mi política de no ver películas dobladas se resquebrajó ante el estreno de Espejito, Espejito . No porque quisiera ver a Julia Roberts como la reina perversa, sino porque la película luce los últimos trabajos de la recién desaparecida Eiko Ishioka. La diseñadora japonesa se llevó un Óscar de la Academia por los surrealistas trajes con que vistió a Bram Stoker’s Dracula (Francis Ford Coppola, 1992). Sueño y pesadilla se combinaban en espectaculares esculturas hechas vestimenta, como la armadura de Vlad el Impalador, que parecía un cuerpo humano con todas las fibras musculares expuestas. Después de ese triunfo, Ishioka concentró su trabajo fílmico en las películas de Tarsem Singh. De su mano llega esta producción.
Un bello prólogo animado establece la premisa básica del cuento. Es la clásica Blanca Nieves y los Siete enanos, hasta que la narración nos deja en el regazo de la reina perversa. Julia Roberts jamás había usado mejor su sonrisa dientona, pero es difícil calibrar su actuación por lo inadecuado del doblaje. Los diálogos se dispensan en un castellano neutral y ligeramente ceremonioso, aderezado por chocantes mexicanismos —el trato de dos guardias se sella con un “de machos”, un sujeto es descrito como oloroso a “chango mojado”—. Como suele suceder, el ritmo verbal y la gracia de los chistes se ven seriamente comprometidos.
Blanca Nieves (Lilly Collins) es una trémula víctima de su madrastra malvada, hasta que sale de los confines del castillo. Se indigna ante la explotación del pueblo sometido por la vanidosa reina. Una vez que la dan por muerta, los enanos, forajidos ocultos en el bosque, le ayudan a entrenarse para desatar su fuerza interna. Cuando el cortejo con el Príncipe (Armmie Hammer) sube de volumen, se convierte una relación de iguales, y no una relación de subyugación y salvamento. La princesa esta empoderada.
Puede que esto le suene demasiado, como la otra revisión del cuento que se nos viene encima. Blanca Nieves y El Cazador encuentran a Kristen Stewart y Chris Hemmingsworth en los papeles titulares, con Charlize Theron haciendo el número de vampiresa como la reina desalmada. Las escenas promocionales la delatan como un filme cargado de acción y efectos especiales. Blanca Nieves sale incluso de guerrera, comandando uno de esos masivos ejércitos generados por computadora. Es un cuento de hadas para los fanáticos de Twilight y Thor . Por lo menos el cine tiene la delicadeza de no poner el promo inmediatamente antes. Espejito, Espejito sufriría en comparación porque no se toma en serio. Es un sainete cómico. Sin temor al ridículo —más bien, invocándolo conscientemente— la película obliga a su galán a jugar al perrito por culpa de una pócima equivocada, convierte a otro personaje en cucaracha y hace que los rudos enanos jueguen como equipo de bufones. Para mi sorpresa, el riesgo se ve recompensado. Aún con el abominable doblaje, la película funciona como una deliciosa distracción. El director Tarsem Singh puede ser desigual con el flujo narrativo, pero derrocha creatividad visual. El diseño de producción es espectacular, teatral y artificioso. Si este mundo parece un poco despoblado, debe ser para que apreciemos mejor los decorados. Los efectos especiales se ven anticuados. Singh usa los píxeles para dar un acabado artesanal y orgánico. La empresa es tan cálida y tonta que solo puede terminar con un gratuito número musical al estilo de Hollywood. Es totalmente innecesario, pero irresistible. Como la película misma.
Ver en la versión impresa las paginas: 15