La soledad justificada

Todos los objetos de mi casahicieron la maleta y se marcharon.Los llamé a señas,los llamé a gritoscon palabras descalzas.Los vi alejarse,en procesión,llenando de murmullos la cuadra.El suelo se rompióyo me hundí en el agua.

Armida García

I

Todos los objetos de mi casa

hicieron la maleta

y se marcharon.

Los llamé a señas,

los llamé a gritos

con palabras descalzas.

Los vi alejarse,

en procesión,

llenando de murmullos la cuadra.

El suelo se rompióyo me hundí en el agua.

III

Mi casa está llena de alimañas descalzas,

de fantasmas de trapo,

de pájaros sordos que lloran cuando canto.

Mi casa está llena de límites cuadrados

y retratos huérfanos a los que ladro.

Mi casa apesta a un tufo huraño;

mi casa es un puño de huesos enredados.

Tragadores de fuego

Armida García 

II

Este caldo

de tuercas con zapatos,

de brazos con amortiguadores;

de hombres que lanzan  fuego

por  los ojos

y  cuervos con las alas soldadas a la tierra.
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Para creer en algo,

en este cielo con goteras,

hay que coser las hojas

a los hombros de las ceibas.

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