La Iglesia en defensa de la familia

Editorial: La Iglesia en defensa de la familia

En la homilía de la misa solemne celebrada el pasado martes 8 de mayo corriente, en conmemoración del 32 aniversario de la aparición de la Virgen María en Cuapa, monseñor Sócrates René Sándigo habló de la familia y advirtió a los nicaragüenses que es necesario estar atentos al contenido del denominado Código de la Familia, que los diputados están aprobando en la Asamblea Nacional.

Monseñor Sándigo, obispo de la Diócesis de Chontales y presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, expresó que cualquier norma y reforma legal es buena si se aprueba para beneficio de la comunidad. Sin embargo, en el caso del Código de la Familia advirtió que se debe tener mucho cuidado en que no se vaya a alterar el concepto esencial de que la familia es una institución que se basa en la unión natural del hombre y la mujer.

El presidente de la conferencia de obispos católicos de Nicaragua reconoció la validez de la llamada familia monoparental, o sea aquella en la que por cualquier motivo solo está presente en el hogar la madre, o el padre, y de aquellas que son encabezadas por otros miembros familiares, como los abuelos. No obstante, el obispo precisó categóricamente que, en lo que se refiere al matrimonio, este “no puede ser nunca de dos personas del mismo sexo” pues se criarían niños sin estabilidad psicológica, emocional y sentimental.

Pero no solo en Nicaragua se legisla actualmente sobre la familia. En diversos países de Europa y América Latina los políticos están manifestando un inusitado interés por la familia. Y en todos los casos la Iglesia se pronuncia con su voz pastoral y orientadora en defensa incondicional de la familia cuando se pretende atentar contra los valores morales en los que se arraiga esta sagrada institución.

En Argentina, por ejemplo, a fines de marzo pasado la presidenta Cristina Fernández presentó un proyecto de reforma sustantiva del Código Civil que afecta directamente a la familia. Y casi de inmediato, la Conferencia Episcopal de ese país suramericano se pronunció con sólidos argumentos, no solo religiosos y morales sino también jurídicos y políticos, subrayando que toda norma legal debe tener un contenido moral y sobre todo cuando afecta fibras muy delicadas y sensibles de la sociedad, como ocurre con el caso de la familia.

Los obispos argentinos han advertido sabiamente que no todo lo que existe tiene que ser regulado por la ley y controlado por el Estado, y que no todo aquello que es técnica o científicamente posible resulta moralmente aceptable. Lo que se debe regular es únicamente lo que merece ser regulado, lo que contiene un valor jurídico deseable para la sociedad. E igual que los obispos de Nicaragua, la Conferencia Episcopal Argentina ha advertido que la atribución de la paternidad o la maternidad a dos personas del mismo sexo, es algo que contraría la naturaleza y además priva al niño del inalienable derecho de tener un padre y una madre verdaderos.

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