Orlando J. Icaza Gallard

Medicina, filosofía y poesía

Mesmerizado por la vida del gran médico persa Abu Ali Ibn Sina llamado en Occidente Avicena, profundizo en el sentido de sanar. Sanar es más que curar, pues solo se cura al cuerpo, pero se sana al cuerpo, a la mente y al alma. Solo así se puede prolongar la existencia de todo ser humano.

Es en esa tridimensionalidad que también se refleja el verdadero arte de la música, la poesía, y la pintura.

Usando una medicina tradicional de la que fue uno de sus principales fundadores en occidente; usando una medicina no tradicional que sin duda fue aprendida por el mismo de sus ancestros persas, de los chinos o amarillos como les llamaba y de los hindúes que atravesaban en caravanas la tierra que lo vio nacer, crecer y morir, la famosa ruta de la seda; usando la filosofía que le ayudaba a buscar respuestas en las incógnitas de nuestra existencia y siguiendo al gran Aristóteles, a quien sabía de memoria aun sin entenderle y por último, usando la poesía que escudriñaba el corazón del ser humano en busca de amores y albedríos que también enferman y curan el alma, Ibn Sina sanaba con mágica dulzura.

No dudo que Darío, nuestro gran poeta, escarbó igual que él en los libros de Ferdowsi esa poesía del mal de amores y que palpa en “¿Qué tendrá la princesa?” Es la misma poesía que el gran Avicena usa también para sanar mil años antes, porque es esta un arte inmortal.

Una trilogía esotérica que no hay dudas basó en su religión islamita chiíta donde el esoterismo es una de sus tres particularidades doctrinales y que exploró con paciencia matemática, logística y humana.

La influencia que tuvo de su madre, quien se creía de origen judío, fue significante así como su mente abierta hacia el cristianismo ya en esa época mezclándose en un revoluto que iba desde las mezquitas de Córdoba hasta las murallas de Bujará, Samarcanda y Bahl, donde se cree nació Zoroastro, el primer monoteísta oriental, ya en esos tiempos una casi leyenda desvanecida en los rincones de Afganistán y de Bombay.

Vive, cree y practica una medicina que llega a nuestra tierra de lagos y volcanes traída por el sabio Debayle y por los grandes maestros Alfonso Argüello Cervantes, por Alcides Degadillo, Humberto Tijerino y Luis Alberto Martínez de las aulas de Montpellier y Leuven, donde se enseñaba su texto clásico “El Canon de la medicina” ya desde 1650 y que ha educado a cienes de nicaragüenses en el arte de sanar.

Una filosofía aristotélica y neoplatoniana que aún vive en nuestro gran maestro Serrano Caldera. Voz que se alza orgullosa cada dos domingos en las páginas de LA PRENSA.

Y por último una poesía de raíces amorosas y enfermizas, del oro, las piedras preciosas, los elefantes majestuosos, el marfil, las pieles de armiño y los caminos que vibra en el corazón y la lengua de nuestro pueblo. Esa poesía dariana de Salomón, Pallais, Cortez y Lino de Luna, que tristemente ahora improvisados autollamados vanguardistas, quieren enterrar con cuentos sibaritas de sirenas ahogadas y que por más que luchen no podrán hacerlo. Jamás apagarán esa llama que en el alma pinolera de nuestros mercados, calles, estadios de beisbol, cafetales, lagos y volcanes ilumina los oscuros senderos de nuestra historia.

Es la medicina de Galeno y de Hipócrates, de ibn al-Nafis, ibn al-Haytham, al Zahrawi uno de los más grandes cirujanos andaluces con su obra al-Tasrif (El conocimiento médico) y de Abu Bakr Zakariya al-Razi. Es la filosofía de Aristóteles, Platón, al-Farabi, Ibn Ishaq al- Kindi, Abu Rayhan al-Biruni y de un oscuro y poco conocido filósofo judío de posible nombre Ben Gurno. Es la poesía de Omar Khayyam, Nizami Ganjavi, y Nasir Khusraw el poeta viajero que también fue médico y filósofo. Y, es aquella que se extiende en un infinito que determinará la inmortalidad de los seres superiores que han vencido a la muerte y deambulan en recónditos lugares de Las Segovias, de las calles e iglesias de León, del resto de occidente, en los conventos de Granada, en las aguas de los lagos, del río San Juan y en los llanos de Boaco y de Chontales.

El autor es médico y cirujano, Leesburg, Florida.

COMENTARIOS

  1. Jesus Vanegas
    Hace 14 años

    Precioso. Llega al corazon y ojala llegue al de todo nicaraguense para que podamos salir de ese atraso espiritual y fisico que vivimos.

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