Mi generación creció entusiasmada por el beisbol nacional y por las Grandes Ligas de EE. UU. En Diriamba, Estelí y alguna otra ciudad había cierto interés por el futbol, pero el beisbol captaba la pasión general. Fuera de cierto entusiasmo por el Mundial de Futbol cada cuatro años, en Nicaragua veíamos, jugábamos, discutíamos, aplaudíamos y respirábamos beisbol. El boxeo tuvo sus altibajos. Hubo momentos de gloria y entusiasmo con los campeonatos de Alexis Argüello y de algunos otros boxeadores, pero lo constante, permanente y arrollador era el beisbol, la Liga de Beisbol Profesional y luego la Liga de Primera División.
El Estadio Nacional se llenaba a reventar con una final del Bóer. Los estadios de Granada, León, Masaya, Chinandega y de otras ciudades tronaban con los jonrones de los equipos locales y los ponches propinados al equipo visitante. Kilómetros de vehículos en caravana acompañaban al equipo campeón cuando se coronaba de visitante hasta llegar a su ciudad de origen donde era apoteósicamente recibido. También seguíamos con interés a los Yankees de New York, los Dodgers de los Ángeles, los Gigantes de San Francisco o los Medias Rojas de Boston. Nuestros corazones palpitaron junto con el de Denis Martínez cuando tiró su juego perfecto y hemos seguido con interés a otros nicas jugando en las Grandes Ligas, como Benard o Padilla. Cada año la Serie Mundial acaparaba totalmente nuestra atención.
Pero poco a poco el futbol fue conquistando terreno en Nicaragua, que sin dejar de amar al beisbol tiene ahora un nuevo gran amor arrollador que cada día arrebata más la pasión y el entusiasmo de los nicaragüenses. ¡El futbol conquistó al nica! Todavía no vamos a los estadios a ver al Diriangén o al Estelí tanto como hemos visto al Bóer, al San Fernando, al Granada o al León, pues la calidad del futbol nacional aún tiene que desarrollarse a niveles más atractivos. Pero la televisión ha traído a las pantallas la Liga Española de Futbol, que despierta la nueva gran pasión deportiva de Nicaragua, junto con otros torneos como la Champions League, la Copa América, el Mundial de Clubes y por supuesto el Campeonato Mundial de Futbol.
El beisbol sigue atrayendo, pero bastante menos; hoy reina el futbol. Hay intensas simpatías por el Real Madrid y el Barcelona. Un encuentro entre estos equipos paraliza al país clavándose las miradas en las pantallas domésticas de los hogares o las pantallas gigantes de bares, restaurantes y centros recreativos completamente llenos. Los carros lucen las calcomanías y banderines de estos equipos y los niños, jóvenes y adultos, varones y mujeres, por millares lucen las camisetas de los dos mejores equipos del mundo.
Mantenemos cierto interés en los Yankees de New York, pero el que apasiona es el Real Madrid. Continuamos viendo por TV u oyendo por la radio los partidos de los Dodgers, pero el delirio es por el Barcelona. Así son las cosas de la vida; los tiempos cambian y con los años las costumbres se transforman. En todo caso el deporte, sea cual fuese, siempre será bueno.
El autor es abogado y periodista.
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