Por Carla Fjeld
PHD en nutrición humana
Es el cuarto mineral más abundante en el cuerpo y es esencial para la buena salud. Utilizado en más de 300 procesos en el cuerpo, el magnesio ayuda en los huesos, los nervios, en el metabolismo de la energía, la proteína, en la inmunidad, en la funcionalidad de los músculos, en el control de la glucosa en la sangre, el latido cardiaco y la presión arterial. Deficiencias del magnesio son comunes en la población en general, sobre todo en personas con diabetes, en las que toman mucho alcohol y en la tercera edad. Muchos estudios sugieren que la deficiencia del magnesio contribuye a enfermedades y arritmias cardiovasculares.
La linaza, espinaca y otras verduras verdes; los bananos, el aguacate, las semillas de marañón, los frijoles, la soya y el tofu (queso de soya), así como la semilla de ajonjolí y granos no refinados como arroz integral y harina o cebada integral contienen mucho magnesio. El consumo de grandes cantidades de laxativos o antiácidos que contienen magnesio está asociado con la toxicidad de magnesio. Los signos de exceso son similares que aquellos de la deficiencia —cambios en el estado mental, náuseas, diarrea, latidos irregulares del corazón, debilidad muscular—. Y llegar a la toxicidad no es difícil.
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