Los índices delictivos en Nicaragua han aumentado considerablemente durante los últimos 10 años. Los delitos como el robo con fuerza o con violencia hacia las personas son los de mayor incidencia. También han incrementado delitos como homicidios, femicidios, asaltos, hurtos, delitos sexuales, violencia intrafamiliar, entre otros.
La delincuencia contra el patrimonio de las personas, (la más común) es fomentada por el desempleo y pobreza. Los delitos de orden sexual, delitos contra la vida y de violencia de género son por causas endógenas como familiares, falta de educación, machismo, entre otras.
Las pandillas, conformadas por jóvenes en riesgo, son en potencia un gran peligro para lo población, porque sus miembros (adolescentes en su mayoría) son susceptibles de caer en las garras de la delincuencia organizada para cometer delitos más graves como secuestros, atentados terroristas, sedición, etcétera, delitos aún, de relativa poca incidencia en Nicaragua.
La Policía Nacional con los pocos recursos que posee no da abasto, por lo que es deber del Estado crear urgentemente políticas públicas de prevención, inteligencia y castigo del delito. Dichas políticas se pueden resumir en creación de empleos, fomento a la educación, mayor asignación de recursos económicos, humanos y materiales a las instituciones pertinentes con aumentos salariales, entre otras, pero también hay que capacitar a la Policía para que aprenda a brindarle una mejor, oportuna y adecuada atención a la población que muchas veces se queja del “maltrato” y displicencia de la institución.
Según el diario británico The Economist, en Nicaragua el PIB per cápita ronda los 1,100 dólares al año, hay 18 policías por cada 100 mil habitantes, cuando en Panamá hay 50. El promedio salarial de un policía es de 120 dólares mensuales (el más bajo de la región). La población carcelaria es de 120 reclusos por cada 100 mil habitantes. En 2011 se desarticularon 14 células del narcotráfico, mientras que en el 2010 fueron desarticuladas 16. La tasa de homicidios es de aproximadamente de 13 por cada 100 mil habitantes, cuando en Honduras en 2010 fue de 82.
Nicaragua a pesar de su relativa seguridad y pocos índices de criminalidad y de que en comparación a otros países de la región es el país más seguro, esto no quiere decir que esté exento de sucumbir ante la delincuencia, porque los malhechores, debido a la falta de recursos de la Policía, la corrupción en algunas instituciones y deficiencias del sistema puede llevarnos a índices delincuenciales de grandes proporciones.
El crimen organizado consiste en establecer los planes necesarios para cometer delitos grupalmente, donde existe un jefe o cabecilla y subordinados, es decir todo un andamiaje delincuencial. La inversión como las ganancias económicas son a grandes escalas. El crimen organizado comete delitos contra la salud pública (narcotráfico, bioterrorismo), la integridad sexual y la libertad (trata de personas, secuestros, esclavitud), el patrimonio (estafa en masa), entre otros.
El Gobierno central, Policía Nacional, Ministerio Público, poder judicial, deben tomar cartas en el asunto, hacer a un lado los problemas políticos, y combatir de forma conjunta e integral la delincuencia, que puede convertirse en un plazo no muy largo, en un problema crónico que será más difícil de combatir y por eso es ahora el momento de actuar”.
El autor es abogado. Máster y Catedrático de Derecho Penal en la Universidad Nicaragüense de Estudios Humanistas ( UNEH).
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