Biblioteca en el imaginario

He recibido varias consultas sobre mi artículo del rol de la biblioteca pública en el desarrollo de las comunidades. Estas oscilan desde la simple curiosidad, apoyo para trabajos monográficos, hasta el deseo de convertir en realidad los sueños que vislumbro.

James Campbell Jeréz*

He recibido varias consultas sobre mi artículo del rol de la biblioteca pública en el desarrollo de las comunidades. Estas oscilan desde la simple curiosidad, apoyo para trabajos monográficos, hasta el deseo de convertir en realidad los sueños que vislumbro.

Empero, se nota en estas la duda sobre la posibilidad de impulsar la tesis referente al rol de esta institución en la comunidad.

Me explico: La biblioteca es considerada como un almacén de libros con una persona que facilita uno o varios de ellos cuando lo requieren. Generalmente parten de saber qué se busca: el tema, un autor, un título, o una fecha de publicación. La mayor parte de las consultas activan el sistema en las bibliotecas especializadas.

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El quid del asunto estriba en cómo la biblioteca evoluciona de su papel inactivo a uno activo. ¿Será que se puede trasladar la biblioteca fuera de los anaqueles? No tendría sentido sacar los libros, en cualquier recipiente o de cualquier forma, sin que antes, su personal esté consciente de la diferencia entre “necesidad” y “demanda” de información, y que la biblioteca y sus acciones, deben brindar respuestas a ambas.

Dar respuestas a las demandas de los estudiantes que van en busca de un autor, un título y hasta una página específica. Pero también debe estimular la lectura en esa otra parte de la población que no activa el sistema (amas de casa, obreros de la construcción, de las maquilas, oficinistas, jóvenes trabajadores, desempleados, personas jubiladas, etc.), para invertir la ecuación y trasladar la necesidad no manifiesta en una demanda, ojalá igual de efectiva como la impuesta por la escuela.

Entonces, ¿cómo romper el círculo vicioso si la academia no estimula una acción diferente?

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En un país de pocos —escasísimos— lectores, implica que la mayor parte del tiempo el sistema está en suspensión. Y tomando en cuenta que la mayoría de los usuarios de bibliotecas públicas son estudiantes, estas se pasan inactivas buena parte del año.

Siempre habrá quién piense que sus estadísticas bastan para refutarme, pero estas no siempre son la fotografía adecuada por la forma de construir estadísticas bibliotecarias en Nicaragua (tema de otro artículo).

UNA BIBLIOTECA ABIERTA

La respuesta es sencilla. La biblioteca debe averiguar la necesidad de información de la población a la que sirve y acondicionar servicios que estimulen la lectura (en el artículo citado se mencionan las acciones).

Pero también debe estar abierta cuando la comunidad requiera sus servicios, es decir, no debe seguir funcionando bajo un horario incompatible con los tiempos libres de la población en general.

La biblioteca debe ayudar a romper ese círculo vicioso del sistema educativo en el que “investigación” es sinónimo de copiar. Copy and paste es la fórmula de los estudiantes con acceso a internet.

La biblioteca debería presentarle a la escuela una lista reseñada de libros organizados por temas, para facilitarle a los maestros ampliar su abanico de lectura e investigación para preparar sus clases, y con ello lograr que los libros salgan de los estantes y sean leídos: fin primero y último de sus creadores.

Y cuando los maestros manden a los niños, adolescentes y jóvenes a “investigar”, que el objetivo sea ayudarlos a convertirse en ciudadanos responsables, informados y con las herramientas necesarias para ser partícipes conscientes de la vida en su comunidad.

Y, además, lo hagan con el mismo amor como nuestros antepasados indígenas estimularon la transmisión de conocimientos entre generaciones que permitieron conservar los suelos, los bosques y el agua que —desafortunadamente y en forma sistemática y acelerada— estamos destruyendo en cada rincón de la geografía nacional.

Es decir, que con más alternativas de lectura, el sistema educativo podría dejar de reproducir el modelo acrítico cuyo efecto inmediato es el producto actual: estudiantes con poca capacidad de analizar, de criticar, de cuestionar, de identificar causa y efecto de los fenómenos a los que cotidianamente se enfrentan o de los cuales son parte.

Y como la biblioteca guarda lo que está escrito y lo dispone a quienes lo deseen, su reto es convertir a esa población no lectora en una población que se apropie de ideas que pueden ser transformadoras de costumbres, de amarres, de cadenas. La lectura es la puerta del conocimiento, y este es la puerta de la libertad.

¿Será posible?, intuyo que seguirá siendo la esencia de las futuras consultas.

(http://www.biblionica.org/ensayos/publicas_com.pdf)

*El autor es Bibliotecólogo-consultor. Miembro RDS-Nicaragua

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