Es muy bien sabido que la Resurrección de Jesucristo constituye la base fundamental de la religión cristiana. A partir de la Resurrección de Jesús fue que sus apóstoles comenzaron a predicar la nueva fe, centrándose en ese hecho trascendental que fue comprobado por los mismos mensajeros originales de la Buena Nueva.
“La credibilidad de la revelación cristiana encuentra su punto de apoyo en el acontecimiento de la Resurrección de Jesús crucificado. Si este punto resiste, resiste la fe; si cae la Resurrección, todo resulta superfluo”, asegura el investigador religioso y teólogo italiano Rino Fisichella, director del gran Diccionario de Teología Fundamental . Y en respaldo incontrovertible de su aserto Fisichella invoca las reconocidas palabras del apóstol Pablo en su Carta a los Corintios: “Si Cristo no ha resucitado, es vana nuestra fe y es inútil nuestra predicación”.
Precisamente porque la Resurrección de Jesús constituye el principio esencial de la religión cristiana, es que la Pascua que la celebra trasciende los oficios estrictamente litúrgicos y los fieles laicos se involucran directamente con sus acciones testimoniales. En este orden, cabe mencionar el caso, en Nicaragua, de la Asociación Cristiana Jesús está Vivo, la cual está integrada por cristianos seglares y cuyo nombre evoca precisamente la Resurrección de Jesucristo. La Asociación Jesús está Vivo viene actuando desde hace cinco años bajo el lema Estamos en Campaña porque hay Almas que Salvar, y este Domingo de Pascua, 8 de abril corriente, llevará a cabo en el Teatro Nacional Rubén Darío un evento cultural religioso denominado, Resurrección 2012, “en el cual —dice la convocatoria— se celebrará la victoria de Jesucristo sobre la muerte”, y contará con la participación de una salmista salvadoreña, otro prestigioso expositor internacional y el acompañamiento de la Camerata Bach.
Pero la alegoría de la Resurrección se proyecta también en la vida social y política de la gente, en su buen sentido de infundir la esperanza. Es que la Resurrección significa liberación, triunfo de la vida sobre la muerte y de la libertad sobre la opresión. No en vano la celebración de la Pascua se origina históricamente en la salida del pueblo hebreo de Egipto, donde sufría esclavitud, y su marcha hacia la tierra prometida.
“Cristo no está enterrado en el Santo Sepulcro, como quieren los fariseos”, escribió el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en uno de sus memorables editoriales del diario LA PRENSA. Se refería el doctor Chamorro Cardenal a que del mismo modo que Cristo resucitó de entre los muertos, el pueblo nicaragüense resucitará de la opresión, aunque los fariseos de antes lo negaran y los fariseos de ahora lo traten de impedir.
“A los fariseos de antes no les interesaba que Cristo resucitara, sino que lo deseaban muerto. Lo mismo siguen queriendo los de hoy”, escribió en 1972 el Director Mártir de LA PRENSA, y un año después, en 1973, sentenció: “El nicaragüense está en vías de resucitar. No lo dudemos”. Y la verdad es que resucitó el pueblo nicaragüense en 1979, volvió a resucitar en 1992 y sin duda que ahora nuevamente resucitará.
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