Estelle Al Zaghloul

Bañado por el mar Mediterráneo al oeste, Estelle nació en Líbano el primero de mayo de 1984. Su infancia estuvo impregnada de música y danza, y a un mes de cumplir 28 años, recuerda como si hubiera sido ayer cuando “mami” le enseñó la danza del vientre, la cual ha pasado de generación en generación con mucha pasión.

Por Fátima Arellano. Fotos: Alfredo Zúniga.

Bañado por el mar Mediterráneo al oeste, Estelle nació en Líbano el primero de mayo de 1984. Su infancia estuvo impregnada de música y danza, y a un mes de cumplir 28 años, recuerda como si hubiera sido ayer cuando “mami” le enseñó la danza del vientre, la cual ha pasado de generación en generación con mucha pasión.

Sus ojos brillan y se intensifican al hablar de su familia y cultura. “Nos caracterizamos por ser muy unidos, de lazos muy fuertes”, expresa.
Estelle danza desde los siete años, pero fue 10 años más tarde que comprendió que lo suyo era la danza y no otra carrera.

A la edad de 16 años fue arrebatada de Líbano. Su familia y ella se mudaron a San José, Costa Rica, en busca de un mejor futuro. “Nos fuimos toda la familia por varios problemas económicos y sociales que hubo en Líbano. Mi bisabuelo fue de las primeras generaciones en emigrar. Se quedó en Costa Rica por casualidad o destino, porque su rumbo era Estados Unidos, pero en el camino se le acabó el dinero y la gente del barco obligó a que se quedara en Puerto Limón, Costa Rica. Como él se asentó acá, fue más fácil venir”, recuerda.

En San José Estelle estudió el último año del colegio y debía decidirse por una carrera. Confiesa que estuvo “paseando” por diversas carreras: primero ingresó a estudiar Ingeniería Química, pero se salió al poco tiempo. Luego optó por Administración de Empresas, pero igual desistió, y ya al final estudió Terapia Física.

“Esta carrera (Terapia Física) me encanta mucho, pero no para ejercerla. La danza del vientre siempre ha sido mi pasión, pero aún siendo parte importante de nuestra cultura, sufre mucho, porque una mujer que decide ser bailarina no es bien vista. Cuesta mucho que la sociedad te acepte y también vivir de la danza”.   
Justamente porque sus padres  no aceptaban que ella fuera bailarina, Estelle tuvo que hacer muchos sacrificios y demostrarles que había nacido para la danza.

“Mi mami me enseñó a bailar y también a mis hermanas. Ella baila hermoso y aún imparte clases. Tuve que pasar por un proceso muy largo con mi familia, porque aun siendo ellos artistas, les costaba mucho asimilar que yo quisiera dedicarme a la danza y compartir este arte con todo el mundo”.   
Fue hasta que sus padres vieron un espectáculo que ella realizó que pudieron comprender lo que sentía cuando danzaba.
“Ese día papi logró ver lo mismo que yo veo en la danza. No se trata simplemente de bailar, moverse y la sensualidad de la danza, sino de la conexión que tienes con esa mujer interna, con la fuerza, con tu femineidad. Es esa cultura que cuando nos arrancaron de Líbano fue muy duro para todos mis hermanos. Creo que él entendió todo eso, y desde entonces ha sido mi principal apoyo”.
Una danza para la mujer
Desde 2005, Estelle cuenta con su propia academia Ámar (Luna en árabe). Imparte clases, talleres, realiza espectáculos y giras. Fue en una de ellas que nos conocimos. Vino como parte del equipo que llevó a cabo el Color Fashion Tour 2012. Esa noche lució espectacular y muy feliz con la aceptación que recibió de parte del público. Estelle se transforma cuando danza, es como si la música tomara posesión y ella simplemente se dejara llevar.
“ Yo siempre he dicho que cuando bailo no soy yo. Pasa algo entre la música y mi cuerpo. Llega un momento en que la música se apodera de mí, y yo estoy como en control y a la vez en total descontrol de lo que estoy sintiendo”.
Todos los días practica, todos los días ensaya, pero nunca crea coreografías, siempre está improvisando. Eso demuestra una vez más de qué está hecha esta joven y talentosa bailarina, que además toca la percusión y el piano.

“Mis prácticas son para tener la fuerza muscular, la habilidad de moverme y las técnicas, pero una vez que subo al escenario ya depende mucho de lo que estoy sintiendo y de lo que el público me transmite. En el momento, todo surge, es totalmente espontáneo”.
Y es eso precisamente lo que ella les enseña a sus alumnas, que descubran a la bailarina que llevan dentro. “Siempre he creído que dentro de cada mujer hay una bailarina. Si yo te enseño exactamente lo que hago, no permitiría que resaltes como artista. Yo les explico las bases, las técnicas, cómo tiene que ir la mano y el cuerpo y cómo sostener la cadera para realmente tener el control. De ahí trato de no estar haciendo coreografías. Las que monto solo son para que ellas se den un ejemplo y aprendan más rápido las técnicas. Para mí no hay nada más hermoso que ver a la bailarina, así haya sido mi alumna. Yo no quiero clones, sino que sean ellas mismas”.  

Enseñando la danza del vientre, Estelle está cumpliendo con su misión en la tierra. No desea más desunión entre la humanidad, ni discriminación de cualquier índole, mucho menos que haya más guerras. “Yo quiero que la mujer logre expresarse desde el lugar donde se encuentre, aceptando su cuerpo y disfrutando de su sensualidad. No es una danza para bailarle al hombre. Al contrario, es un arma secreta, pues es nuestra.  Nos ayuda a comprender el universo en general”.

En cuanto cruzó la frontera, Estelle se maravilló de ver nuestro cielo despejado e iluminado por las estrellas, lo cual no puede apreciar en San José. Hoy, después de haber protagonizado el Festival Internacional  de Danza Árabe, disfruta de nuestras aguas del caribe, en Corn Island. Nuestro país le ha gustado tanto que no descarta regresar muy  pronto con toda su familia.

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