El turismo es una actividad económica muy importante para Nicaragua, no solo porque aporta más de 300 millones de dólares para el país, sino porque es fuente de empleo directo e indirecto para miles de familias y su promoción es quizás uno de los pocos puntos de consenso que existen en una sociedad altamente politizada y polarizada.
Poco a poco el nombre, o “marca” Nicaragua se ha ido colocando en la mente de miles de ciudadanos de todo el mundo que en sus vacaciones buscan un nuevo destino seguro, accesible económicamente y sobre todo bendecido por innumerables atractivos naturales y hospitalarios.
El nombre Nicaragua comenzó a pegar en el sector turismo de bajo perfil en los años noventa y en el sector de turismo de negocios, más adelante a fines de los noventa en el sector de cruceros. Muy pocos venían a Nicaragua a quedarse por períodos de tiempo significativos y el gasto promedio diario era menor a los 60 dólares.
Pero ningún turista es despreciable: el sector de “mochileros” es el primer sector de jóvenes exploradores, dispuestos a viajar en la incomodidad para conocer nuevos destinos e interrelacionarse con su gente. Este sector es el que abre las puertas a un turismo de mayor ingreso, porque se encarga de correr la palabra, de boca a boca, a sus padres y amigos, potenciando así su experiencia para que otros con mayor ingreso, se aventuren a conocerla y disfrutarla.
Tampoco son despreciables los turistas que vienen por el día a bordo de un crucero y dejan unos pocos dólares en artesanías y los pocos servicios que no están contratados previamente a turoperadoras extranjeras que les hacen los paquetes de los tours por algunos destinos apetecidos como Granada, Masaya, Corinto y León. Ellos también se encargarán de divulgar y promover el país, si es que tienen una buena experiencia.
Pero el turismo que la marca “Nicaragua” debe posesionarse ahora y que yo creo que en efecto se está posesionando, es el turismo de alta gama, que en inglés se denomina “high end”. Este es el sector que deja mayores divisas al país y podríamos definir varios sectores: pensionados rentistas para lo cual Nicaragua ya cuenta con una excelente ley de incentivos, los millonarios que buscan entre otras cosas destinos exclusivos y novedosos que cuenten con amenidades como canchas de golf, y sobre todo que sean accesibles por aire y buenas carreteras.
En este sentido, sin acceso por aire, es poco probable que un destino turístico, por más bello que sea, logre desarrollarse y atraer al sector de turismo de alta gama. Nicaragua está dando pasos muy importantes en esa dirección con la próxima inauguración del aeropuerto de San Juan de Nicaragua, el de Ometepe, el mejoramiento de la pista de Montelimar y ya se habla de un nuevo aeropuerto internacional ubicado cerca de Iguana Beach, con características similares al aeropuerto de Liberia y que sería el punto de despegue para los desarrollos turísticos de la costa de Rivas de los municipios de Tola y San Juan del Sur: Guacalito de la Isla, Aqua, Rancho Santana, Punta Teonoste, y toda la oferta existente en San Juan del Sur y las playas al norte y al sur de esta bahía.
Todo ello pareado con la construcción del tramo de la carretera costanera que va de Tola a Guacalito y Aqua Wellness Resort y por el lado de San Juan del Sur hacia playa El Coco y El Ostional, va a tener un efecto extraordinario en la llegada de turistas a Nicaragua que dejan entre 300 a mil dólares diarios durante su estadía en el país.
La inversión que ya se está realizando en estos destinos para crear las condiciones para atraer este sector de turismo de alta gama, es sencillamente impresionante, particularmente en el proyecto emblemático de la familia Pellas, Guacalito de la Isla donde hace poco tuve la oportunidad de estar. Esta inversión debe ser una inversión mixta, gobierno y sector privado y debe trascender la política y los gobiernos, ya que es en el interés de todos el éxito de que Nicaragua pueda desarrollar a su potencial turístico. El autor es diputado por la Bancada Democrática Nicaragüense.
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