En su edición del domingo recién pasado LA PRENSA informó que 130 jóvenes miembros del organismo social de solidaridad Un Techo para mi País, popularmente llamados techeros, fueron desalojados bruscamente de una escuela pública en un barrio de Managua, por activistas de la Juventud Sandinista.
Los jóvenes se encontraban en la escuela preparándose para ir a trabajar en la construcción de cuarenta casas para familias de escasos recursos. Y el motivo alegado para desalojarlos fue que había una plaga de chinches en la escuela donde se encontraban y una epidemia del mal de Chagas en todo el sector circunvecino.
Un Techo para mi País es un organismo internacional de vocación solidaria que surgió en Chile en 1997 y moviliza a jóvenes voluntarios, generalmente estudiantes, para “la construcción de viviendas de emergencia y la ejecución de planes de habilitación social”. Esta organización funciona ahora en 19 países latinoamericanos y agrupa a más de 400 mil voluntarios, quienes cuentan en todas partes con la simpatía y el respaldo no solo de la sociedad, sino también de las autoridades gubernamentales. Menos en Nicaragua, donde el actual régimen populista y sectario hostiliza en vez de apoyar aquellas iniciativas de participación social que no estén bajo su control político y su dominio ideológico.
En realidad, lo de la plaga de chinches y la epidemia del mal de Chagas fue solo un pretexto de los activistas de la Juventud Sandinista, quienes para desalojar a los jóvenes de Un techo para mi País se hicieron acompañar por dos supuestos funcionarios del Ministerio de Salud (Minsa) . LA PRENSA indagó inmediatamente al respecto, pero el Minsa no ha brindado ninguna información sobre las supuestas plaga y epidemia, mucho menos que haya prevenido a la población y tomado las medidas prácticas que corresponden, ante todo la erradicación de los chinches transmisores de esa terrible enfermedad.
Se conoce que el llamado mal de Chagas ataca anualmente a entre 15 y 17 millones de personas en América Latina, sobre todo a las que viven en mayor pobreza. Se trata de una maligna enfermedad que se desarrolla en tres etapas; comienza con molestias, calenturas y dolores; pasa a un período de latencia que puede durar varios años y en los que el mal parece haber desaparecido; y estalla en una tercera fase ya de manera grave y tardía porque ha causado daños irreparables en los órganos vitales, inclusive en el corazón. Es obvio, pues, que el mal de Chagas debe ser atendido desde el inicio, pero sobre todo hay que prevenirlo mediante la erradicación de la vinchuca, como se llama el chinche transmisor de la mortal enfermedad.
No está claro si lo que ocurrió con el desalojo de los jóvenes de Un Techo para mi País fue que los chinches políticos actuaron impulsados por vocación represiva, o si en realidad la plaga y la epidemia existen y el Gobierno las ha ocultado maliciosamente. Pero en ambos casos sería una actitud gubernamental irresponsable y condenable desde cualquier punto de vista que se le mire.
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