La Asamblea Nacional, ahora controlada absolutamente por el FSLN con 63 diputados del total de 91, aprobó ayer en lo general una nueva ley denominada Código de Familia. Esta ley no debería causar preocupación, sino lo contrario, si fuese cierto lo que dicen los diputados que la aprobaron, que su propósito es favorecer y fortalecer a la familia.
En realidad, el proyecto de Código de Familia viene de la legislatura anterior, cuando la mayoría de los diputados eran democráticos pero por sus conveniencias pactistas el PLC entregó el dominio del poder legislativo al FSLN.
Aún así, y no obstante la inevitable desconfianza que causa la conocida afición de los políticos a inmiscuirse en la vida privada de las personas y las familias, mediante lo que llaman reingeniería social, en la legislatura anterior se le podía conceder a los legisladores el beneficio de la duda, en el sentido de que tenían una sana intención de mejorar la regulación jurídica de instituciones fundamentales como el matrimonio, la maternidad y paternidad, la filiación, la adopción y la tutela, la relación padres e hijos, la pensión alimenticia, los derechos familiares de los ancianos y otros del mismo tipo.
Pero desde que Daniel Ortega y el FSLN se adjudicaron más de dos tercios de los diputados a la Asamblea Nacional, y por lo tanto pueden hacer cualquier cosa para impulsar su proyecto social totalitario que denominan “poder ciudadano solidario, socialista y cristiano”, a los actuales legisladores no se les puede conceder ni siquiera el beneficio de la duda. Ahora más bien hay que desconfiar mucho de ellos, y rechazar cualquier proyecto de transformación y reingeniería social que de hecho o por medio de la ley esté impulsando o pretenda impulsar el orteguismo.
En enero de este año, inmediatamente después que el orteguismo asumió el dominio absoluto del poder del Estado, la poderosa señora Rosario Murillo instruyó a los militantes de su partido y a sus seguidores personales que debían pasar a una nueva etapa de su proyecto de control social de la población, mediante la creación de unos “consejos de familia” en los que se deben involucrar “las instituciones, los jóvenes de promotoría solidaria, alcaldes, alcaldesas, concejales, secretarios políticos (del partido FSLN), gabinetes del Poder Ciudadano, en conjunto con los y las delegadas de las instituciones gubernamentales ”
Al respecto es muy importante recordar que el totalitarismo y particularmente el comunismo y sus variantes socialistas, desde los tiempos de Carlos Marx y Federico Engels se plantearon como un objetivo fundamental la abolición de la familia. Con el tiempo los totalitarios de distinto pelambre cambiaron de táctica y en vez de proponer la destrucción de la familia han optado por controlarla y subordinarla a sus proyectos de transformación revolucionaria e ingeniería social.
De manera que el tal Código de Familia que está aprobando la Asamblea Nacional, podría ser o seguramente es instrumento de un proyecto totalitario de ese tipo. Por eso hay que examinarlo con lupa, e impugnarlo y por lo menos denunciarlo si es necesario.
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