SAN SALVADOR/AFP
El gobierno de Mauricio Funes, el primero de izquierda desde el fin de la guerra civil salvadoreña, librará mañana una difícil batalla en las legislativas, cuyo resultado puede poner en jaque los dos últimos años de su gestión.
26.8 millones de dólares invirtió el Tribunal Supremo Electoral (TSE) en las elecciones.
El TSE aplicará por primera vez el “voto residencial”, un mecanismo de acercar las urnas a los electores, que fue recomendado en 2009 por la OEA y la UE.
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La exguerrilla del Frente Farabundo Martí, la primera minoría del congreso unicameral y que gobernó gracias a una alianza con disidentes de la derecha, aparece en los sondeos con 27.8 por ciento de intención de voto, en empate técnico con la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena) que suma 26.4 por ciento.
En un país con un tercio de la población desempleado y una tasa de homicidios de las más altas del mundo (65 casos cada 100.000 habitantes) el FMLN hizo campaña haciendo hincapié en más planes sociales y creación de empleo.
Arena, fundada por el difunto mayor Roberto D’Aubuisson —inculpado del asesinato en 1980 del arzobispo Arnulfo Romero— hizo girar su campaña alrededor de la promesa de nuevas leyes para enfrentar la inseguridad.
“La diferencia la marcará el 23.9 por ciento de indecisos”, dijo la directora del Instituto de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana (UCA), Jannet Aguilar, quien explicó que ambos partidos mayoritarios “han desarrollado un proselitismo similar, con regalías, sin explicar a fondo cómo lograrán cumplir las ofertas”.
En un tercer sitio aparece con 6.3 por ciento de intención de voto la agrupación Gana, liderada por el expresidente Elías Antonio Saca, expulsado de Arena y cuyos 14 diputados en la actual legislatura le habían dado al gobierno de Funes la mayoría en el congreso.
Durante los casi tres años de gestión de Funes, el desempleo y subempleo tuvo una leve baja de 40 a 36 por ciento de la población activa en un país cuya juventud sigue emigrando masivamente a Estados Unidos, al punto que hoy uno de cada tres salvadoreños vive en aquel país.
La economía salvadoreña, dolarizada y víctima de todas las crisis externas, depende hoy de las remesas familiares que en 2011 superaron los 3,600 millones de dólares, equivalentes a un sexto del Producto Interno Bruto.