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Cabe preguntarse de qué se ocupan exactamente estas agencias y qué tanto alcance e influencia tienen sus decisiones. Básicamente clasifican los bonos —no solo del Gobierno sino también los pagarés corporativos— para evaluar la probabilidad de incumplimiento.
Estas decisiones y valoraciones son muy importantes. Cuanto mayor sea la calificación, menos riesgoso será percibido el prestatario y menor será también la tasa de interés que deberá cancelar.
Los reguladores les han otorgado carácter oficial a las agencias líderes: Standard & Poor’s (S&P), Moody’s y Fitch.
Tanto los bancos como las compañías de seguros deben mantener bonos con altas calificaciones en sus reservas y fondos de pensiones, mientras que a los inversionistas se les pide constantemente que vendan los bonos que poseen bajas calificaciones según las agencias.
El debate sobre las agencias de calificación de crédito dio un giro dramático en enero, cuando la policía financiera italiana —la Guardia di Finanza— realizó un allanamiento en la oficina de S&P en Milán.
Las autoridades se llevaron documentos y archivos para ser utilizados como pruebas en una investigación, que pretende probar una supuesta manipulación del mercado.
Luego de ese episodio, S&P rebajó la calificación soberana de Italia. Una medida que quizás buscaba aumentar los costos de endeudamiento del gobierno italiano.
Tras revisar más de dos millones de correos electrónicos y mensajes instantáneos uno de ellos decía: “(Estos bonos) pudieron haber sido estructurados por vacas y aún así los clasificaríamos”.
El análisis de títulos hipotecarios pudo haberse hecho, pero se defendieron diciendo que otros fallaron en predecir la crisis inmobiliaria.
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Martin Winn, portavoz de S&P, dijo en respuesta a las acusaciones lo siguiente: “Creemos que este procedimiento no tiene ninguna base, por lo que nos estamos defendiendo con mucha energía”.
FUERA DE CONTROL
Esta no es la primera vez que las agencias son objeto de críticas. En Estados Unidos, la reputación de las agencias resultó gravemente afectada tras la explosión de la burbuja inmobiliaria.
Los bancos prestaron dinero a personas que no podían darse el lujo de comprar vivienda. Además, estas hipotecas fueron repartidas y vendidas a los inversores como productos financieros complejos.
Estos productos necesitaban ser clasificados y las agencias se sentían felices de hacerlo, pues los bancos les pagaban por la creación de estas garantías.
David Levy se desempeñó como director gerente de Moody’s hasta que dejó el trabajo en 2004. Según él, las agencias debían bailar al son de los bancos si querían hacer algún tipo de negocio.
“El banco de inversión podía ir fácilmente a las distintas agencias y preguntar cómo calificarían su bono”, explicó Levy en un programa de radio de la BBC.
“Si no le gustaban los resultados que obtenía, podía ir a cualquier otra agencia que estuviese dispuesta a darle una calificación más alta”, añadió.
William J. Harrington es otro exempleado de Moody’s que manejaba información privilegiada, se desempeñó como analista senior durante la década de los noventa, hasta que renunció en 2010.
Él critica la calificación de instrumentos complejos, basados en hipotecas, conocidos en inglés como CDO. “En 2006 pensé que el proceso de calificación de los CDO se había descompuesto tanto que realmente no quería tener más nada que ver con ellos”, dijo.
“Esos procesos se salieron de control porque existían demasiadas garantías de colocación, cuyo único fin era que se efectuara la transacción para que el banco obtuviese las comisiones”, agregó.
Un vocero actual de Moody dijo a la BBC: “Lo más importante de nuestra agencia es que trabaja con calidad, transparencia e integridad”. “Reconocemos que todos los modelos de negocio tienen la posibilidad de que se creen conflictos de interés, independientemente de si el emisor, el inversor o el Gobierno paga por la calificación”, dijo.
ERRORES
Recientemente, S&P le rebajó la codiciada calificación triple A a Estados Unidos. La decisión, anunciada en agosto del año pasado, coincidió con un momento álgido de la crisis de la eurozona.
El secretario del Tesoro de EE. UU., Timothy Geithner, dijo que S&P había cometido un error de dos billones de dólares en sus sumas.
John Chambers es el jefe de calificación soberana de S&P. Según él, después de discutir con el Tesoro de EE. UU., la agencia cambió algunos de sus cálculos. “Pero no hubo ningún error”, aseguró.
Chambers dijo a la BBC que ha recibido amenazas a través del correo, pero no dio más detalles.
Cinco meses después de la rebaja a EE. UU., Francia también perdió su calificación triple A.
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