Ceniza y colecta nacional
En este tiempo de Cuaresma y especialmente el Miércoles de Ceniza, aprovecha la Iglesia para invitar a los fieles a colaborar con los sacerdotes ancianos y enfermos debido que en nuestro país —donde el sacerdote no tiene una jubilación como cualquier empleado público o privado— tiene que vivir de la caridad de los fieles lo que se le conoce como (estipendio), otros son académicos de universidades y otros tienen otro tipo de negocio para solventar sus necesidades.
Muchas veces hemos dicho que la ceniza en el lenguaje del antiguo testamento tiene suma importancia en cuanto a que representa penitencia, dolor, arrepentimiento.
La Cuaresma es una oportunidad más y un llamado a los fieles a convertirse y creer en el evangelio, nos recuerda a Jesucristo en el desierto haciendo ayuno, modelo y paradigma de penitencia en la carne mortal.
En el lenguaje bíblico, ceniza proviene del hebreo efer, equivalente a decir símbolo de lo efímero, Job 13, 12, y sin valor Gen 18,27, Is 44, 2 Eclo 40,3, polvo y la 3,16. En el luto se acostumbraba a esparcir ceniza sobre la propia cabeza II Sam. 13,19 Is, 61,3 tenderse en la ceniza Job 2,8 Jon, 3,6 o revolcarse en ellas Jer 2,6, Ez 27,30 La 3,16 cfr. Comer ceniza como pan, hablando el un afligido sal 102,10.
La colecta nacional es para poner en práctica una de las tres grandes obras de amor a Dios, la caridad, la penitencia, y el arrepentimiento, pues una fe sin obras es muerta.
No podemos ingresar a la pascua del Señor sin antes no dar muestras de arrepentimiento, es difícil alcanzar la perfección en el espíritu pero no imposible si nos arrepentimos, a través de una buena confesión.
Cristo delegó autoridad en sus apóstoles, para que esta sucesión se mantuviera hasta el día de hoy, pero muchos no se han percatado de eso, porque la teoría protestante es que solo Dios puede perdonar pecados, si es verdad pero Cristo vino a fundar una Iglesia a la cual le delega una potestad. Es por eso que San Pablo habla de la justificación por la fe que libra del peso del pecado, y que hace al hombre una criatura nueva, pero eso no significa estar liberado de los enemigos del alma: mundo, demonio y carne, que según la doctrina de la Iglesia, el primero, está basado en las delicias del mundo, el segundo en la fuerza del espíritu del mal y el tercero de la debilidad de nuestra condición humana.
Noel Cruz Barrientos
El arte de la política
Es obvio que lo que llamamos habitualmente política no es una ciencia capaz de demostrar y verificar sus afirmaciones, sino que creo que todos estamos de acuerdo en denominarla como un arte, en el sentido de que depende de la habilidad del que la ejerce y que ese arte puede ser más o menos atractivo y convincente según la destreza y capacidad de persuasión del político que se trate y de los medios que utilice.
Pues bien, podemos definirla como un arte sin lugar a dudas, pero a la vez, podemos también preguntarnos: ¿qué clase de arte es? Veamos para ello algunas definiciones o contestaciones posibles: a) el arte de conseguir el poder político, en democracia, por medio de lograr mayor número de votos que el adversario. b) una vez obtenido el poder, el arte de establecer prioridades en las decisiones a adoptar para desarrollarlo. c) el arte de servir al bien común de todos los ciudadanos, mediante disposiciones y leyes adecuadas y respetuosas con todos ellos. d) el arte de imponer la propia ideología sin respetar la de otros ciudadanos que no piensan como el que gobierna, atacando y destruyendo la libertad de las personas, que es principio básico en democracia. e) el arte de conseguir el mayor número de votos por medios ilícitos moralmente, como el engaño, la mentira, la calumnia, la prevaricación, el cohecho, el miedo, la injusticia, la corrupción, la prebenda, el clientelismo, etc. f) el arte de manipular a los electores, no favoreciendo su libertad sino al contrario, influyendo negativamente en su modo de sentir o de pensar. g) el arte de “comprar” los votos de muchos electores, ofreciéndoles subvenciones económicas generosas, empleos o trabajos inventados en empresas ficticias, etc.
En definitiva, puede resumirse el arte de la política en dos actitudes básicas: esforzarse por servir al bien común de todos, respetando su libertad de elección; o bien, servir al bienestar de algunos o unos pocos ciudadanos, empezando por los propios políticos que gobiernan un país. O lo que es lo mismo, respetar la moralidad de los actos humanos propios y ajenos y por lo tanto la justicia en las decisiones, o no respetar esa moralidad que está intrínseca y necesariamente contenida en cada decisión política que toman los políticos que ejercen el poder.
Un apunte más: no es verdad lo que decía aquel avispado político inglés de que “el poder político corrompe siempre y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
Roberto Grao Gracía
Recordando al ejemplar IPD
El 29 de mayo de 1939 abría por primera vez sus aulas el Instituto Pedagógico de Diriamba (IPD), teniendo como aulas provisionales la casa que fue el Club Social de Diriamba, situado en la esquina opuesta al teatro González. Desde entonces comenzó a escribirse en los anales de la fresca, cafetalera y aristocrática ciudad de Diriamba, así como también en la historia noble y cristiana del IPD, que sirvió para forjar ejemplares ciudadanos para nuestra querida Nicaragua, Honduras, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y otros países.
Los primeros hermanos cristianos recibieron como dote del ilustre y benemérito fundador de la Sociedad pro Esfuerzo Educacional Privado de Diriamba, doctor Ramón Ernesto González, el terreno rodeado de cafetales, cuyo sitio además, contuvo los campos deportivos en donde anidó por primera vez el futbol en Nicaragua. Cuna también del Excelsior y del Diriangén.
Dice la tradición que fue el hermano Felipito, de origen canario, quien primero desarrolló la infraestructura del edificio del colegio, era de baja estatura pero tenía un corazón muy grande.
Su crecimiento fue muy rápido y a partir de 1940 se comenzó a poblar de alumnos de Diriamba y de toda la República. Mi compañero de bachillerato Leopoldo Ramírez Eva y su hermano Arnoldo se cuentan entre los primeros, jóvenes optimistas, llevados desde El Sauce a libar el delicado néctar de la sin par educación cristiana y universal que nos dieron los Hermanos Cristianos de La Salle en ese recinto de memoria inmortal.
El sábado pasado recordé junto a mis compañeros de la novena promoción Pío XII, aquel inolvidable 18 de febrero de 1952, de hace sesenta años. Cada una de las anécdotas, recuerdos y momentos memorables que vivimos y que constituyen el legado más precioso de una fraternidad única en nuestras vidas.
Honra a los hermanos cristianos que nos acompañaron en nuestro caminar por el colegio. Hermanos: Emilio Berchmans nuestro tutor de quinto año; Felipe, Ildefonso, Emilio Juan, Miguel, Agustín Hervé, “Malgache” apodo del enfermero Albertón, músico insigne; Adrián, Tarcisio, Hilarino, y muchos más que “el disco duro” de mi computadora cerebral no pudo retener en su memoria.
¡Ave César! ¡Para los compañeros que se nos adelantaron en el viaje a la eternidad! Les pido que me reserven un pupitre para continuar las clases que nos daban, con su sabiduría, hoy más que finita, los recordados hermanos cristianos del Instituto Pedagógico de Diriamba.
Termino con la primera estrofa del himno del colegio que tantas veces cantamos: “Pedagógico, flor de juventud… foco de labor… de ciencia y virtud… de jovialidad y de distinción… todos te ofrendamos hoy nuestro corazón! Jamás te olvidaremos … jamás … jamás… jamás”.
Reinerio Edgardo Montiel Benavides