La persona humana inicia su vida social dentro del seno familiar. Allí se le entrena en tres aspectos, su creencia religiosa, se le refuerza con dosis de valores humanos a través de la enseñanza de principios de vida, de principios éticos de cara a su camino hacia la madurez y desarrollo adulto.
Estos dos ingredientes iniciales formarán posteriormente en su edad adulta a una persona con responsabilidad, de cara a la sociedad esa interacción es pues el concepto de ciudadanía.
La primera fase dentro del seno familiar es fundamental, para que este individuo pueda ser en el futuro un buen hijo de la patria.
En la familia los padres representan la autoridad, es decir son los primeros pasos de una persona en su relación con la autoridad, para después ellos respetar la autoridad civil (gubernamental) cuando caminen por la senda de la sociedad.
Los padres iniciarán con el cuido, atención, enseñanza de las formas básicas de sobrevivencia, gatear, caminar, hablar, amar, compartir.
Luego vendrá entonces la disciplina y cumplimiento de normas del hogar, hora de dormir, hora de comer, tiempo de recreación, tiempo de aporte y colaboración en el hogar de conformidad a su edad.
Paralelamente a ese futuro ciudadano se le enseñan las primeras directrices de respeto a la propiedad ajena, (no tocar los juguetes del hermano sin su autorización), los inicios del respeto a la integridad física, moral y sicológica (no salir sin camisa a la calle, no entrar a los cuartos sin llamar primero, no gritar, no golpear, etc.), respeto a la libertad para mencionar algunos.
Así los padres son los primeros catedráticos en la Universidad de la Vida de los individuos, los padres serán pues los delineadores de los futuros ciudadanos.
Pero es de advertir pues, que una educación cívica de los hijos llevará no solamente un esfuerzo en conjunto, requerirá además una dosis autodidáctica de los padres, deberán autoentrenarse, actualizarse, reforzarse, y para ello cuentan con una gran fuente de sabiduría: la iglesia y su doctrina.
El padre no solo es responsable de la educación social del hijo, sino del fomento de una vida espiritual, de un ser ético en toda sus dimensiones.
Conociendo los principios de la Ley Natural, es decir la propia naturaleza humana, se podrá alcanzar un ser ético, puesto que lo anterior es el horizonte de vida, de allí emana todo principio ético.
Lo natural es pues la base del resto de las normas sociales, jurídicas, y éticas.
La observancia del derecho natural mejora la conducta ciudadana de cara a la familia, la sociedad y el Estado.
En su edad adolescente y joven los padres deberán reforzar ese comportamiento ético del menor, de cara a sus amistades, a su recreación y su vida escolar.
Un individuo que sale a la sociedad sin discernir lo bueno de lo malo, lo natural o no natural, lo humano de lo no humano, le será más difícil discernir lo legal de lo ilegal, lo legítimo de lo ilegítimo.
Peor aún, lo moral de lo inmoral, lo ético de lo antiético. No podrá tolerar la diferencia de pensar, de profesar. No observará a la autoridad civil, no podrá soportar los procedimientos de la vida, no respetará la ley de tránsito, no acatará una directriz, una orden o una instrucción. Destinado a ser antisocial.
Eduquemos a los hijos en la Fe, en la Ética y habrá mejores ciudadanos. No en vano inician los diez mandamientos así: los tres primeros de cara a Dios, el cuarto de cara a la Autoridad de los Padres y el quinto al derecho fundamental de la sociedad, el respeto a la vida, el resto de cara a la sociedad y al prójimo. La autora es jurista
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