El presidente inconstitucional de Nicaragua, Daniel Ortega, presentó a la Asamblea Nacional una iniciativa de ley con carácter de urgencia para establecer el 21 de febrero como Día de Homenaje Nacional a Sandino.
Pero no es por una ley presentada a última hora y argumentada con palabras esotéricas y seudo religiosas, que los nicaragüenses que reconocen a Sandino como héroe nacional deben rendirle el homenaje que merece su memoria. A Sandino lo recuerda y honra la mayoría de los nicaragüenses de todas las corrientes ideológicas y políticas del país, por su gesta patriótica de los años 20 y 30 del siglo pasado que no es patrimonio de ninguna persona, familia, grupo político o gobierno de turno.
No es hasta ahora que se manipula o se intenta manipular la memoria de Sandino, con fines sectarios y excluyentes, contrarios a sus ideales y a la causa de su lucha nacionalista. Hace 42 años, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal precisó en un editorial de LA PRENSA que “Sandino nunca fue COMUNISTA, sino NACIONALISTA”. Y denunció el Director Mártir de LA PRENSA en dicho editorial, publicado el sábado 21 de febrero de 1970 bajo el título “El aniversario de Sandino” (el cual reproducimos íntegramente en esta misma página de nuestra edición de hoy), que “la memoria de Sandino ha sido usada para infinidad de cosas, pero el tiempo y la historia, poco a poco van esclareciendo los ribetes de su verdadera personalidad”.
78 años han pasado desde que Sandino fuera asesinado por orden del general Anastasio Somoza García, un dictador al cual se parece en muchos aspectos el actual gobernante inconstitucional de Nicaragua; y 42 años transcurrieron desde que el doctor Chamorro Cardenal protestara contra el manoseo del nombre y la memoria de Sandino. Sin embargo se sigue manoseando hasta ahora, ya sea mediante una ley para “orteguizar” la conmemoración del aniversario de su asesinato, o en las formas denunciadas por uno de los parientes de Sandino, el señor Mario José Borge Castillo, en las declaraciones a LA PRENSA publicadas el domingo recién pasado.
Sandino fue muy claro y categórico al asegurar que él no exigía de su patria ni un palmo de tierra para su sepultura, y por eso merecía ser oído y creído. Y se le oyó y creyó porque sobre todo con sus actos, Sandino demostró que luchaba para expulsar del país a los invasores extranjeros y restablecer la integridad, la soberanía y el honor nacional, no para tomar el poder con el propósito de imponer una dictadura ni para enriquecerse personalmente y hacer ricos a sus familiares y allegados o cómplices, como han hecho muchos de los que se hicieron llamar sandinistas.
El reconocimiento de Sandino como héroe nacional es un dictado de la conciencia, no una obligación impuesta por el poder mediante la ley. Como dijera el doctor Chamorro Cardenal, a Sandino se le honra porque “es un héroe al cual debe rendírsele tributo histórico, y agradecimiento, por reivindicar el nombre de Nicaragua y de los nicaragüenses ante la faz del mundo”. Y hoy la mejor forma de honrar a Sandino es repudiando a un régimen que representa todo lo contrario de lo que el General de Hombres Libres significó para Nicaragua y el mundo.