Mauricio Peralta Mayorga

La solución del 50 por ciento

En su discurso “Mas allá de la ayuda”, en la Universidad George Washington, el pasado 14 de septiembre del 2011, Robert B. Zoellick, presidente del Banco Mundial, nos recordaba que las mujeres representan el 50 por ciento de la población mundial y el 40 por ciento de la fuerza de trabajo en todo el mundo y que en África representan el eje de sus comunidades, constituyéndose en la mayoría de los agricultores, produciendo el 80 por ciento de los alimentos de aquel continente, pero poseyendo solamente el uno por ciento de la riqueza mundial.

Las pruebas del potencial humano, social y económico de las mujeres son abrumadoras. La enseñanza de los niños —en especial de las niñas— es un paliativo esencial en la lucha contra la pobreza e indigencia de nuestros pueblos. Un año adicional de escolaridad secundaria para ellos (as), puede significar un salario mayor entre un 10 y 20 por ciento en el futuro.

Una niña que termina el quinto grado tiene más probabilidades de casarse a una edad más tardía, no infectarse con VIH/Sida, encontrar empleo formal con mayores probabilidades de éxito, buscar atención médica, votar en su comunidad y tener mayor acceso a crédito. Los países con mayor igualdad de género tienden a exhibir menores tasas de pobreza.

Las mujeres con cierta educación tienden a asegurarse que sus hijos sean vacunados, conocen mejor las necesidades nutricionales de los niños y adoptan mejores prácticas de sanidad. Como consecuencia de todo esto, sus hijos disfrutarán de mayores tasas de sobrevivencia, tendiendo a ser más sanos y a estar mejor alimentados.

Todavía el mundo se encuentra dividido entre “ellas y nosotros” y ello no solamente es una realidad en los países emergentes. Una de cada diez mujeres sufrirá a lo largo de su vida abusos sexuales o físicos a manos de su pareja o de algún conocido, nazca donde nazca, viva donde viva, y es que la causa del mismo no es asunto de vivir o nacer en un país próspero o empobrecido, sino de ser misógino o no. Es decir de odiar o no a las mujeres.

“Si se diera a las mujeres el derecho a ser propietarias de tierras; si se les diera el derecho a poseer, dirigir y hacer funcionar una empresa; si se les diera el derecho a heredar; si se les diera mayor capacidad para obtener ingresos; si se les diera mayor control sobre los recursos de sus propios hogares, se podría mejorar la salud de los niños, se podría brindar más educación a las niñas, se podría impulsar la actividad empresarial y la productividad económica, y podríamos acercarnos a ese mundo en el que la ayuda no sea la única solución”, menciona Zoellick en el discurso arriba señalado.

El autor es catedrático de la Universidad Thomas More.

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