Baldomero Vásquez

Mandatarios totalitarios

El pasado diciembre el presidente Chávez avanzó una tésis sobre el cáncer que él y otros presidentes de la región padecen. Planteó que una tecnología desarrollada por los norteamericanos sería la causa del cáncer de los presidentes, Lugo, Rousseff, Lula, Kirchner y él.

Bien vale preguntarse: ¿de dónde procede la licencia para afirmar estos absurdos en el campo de la ciencia médica? Sostenemos que el planteamiento del presidente Chávez está en línea con una mentalidad propia de los líderes de los regímenes totalitarios, sean comunistas o fascistas. Dichos líderes —siguiendo a Claude Lefort: La Lógica Totalitaria (1980)— establecen con el poder una relación opuesta a la que tienen las autoridades en los regímenes democráticos.

En democracia, quienes dirigen el poder ejecutivo “son simples gobernantes”. En ella, nadie puede apropiarse del poder, o sea, las funciones de gobierno se ejercen “transitoriamente”. La consecuencia de que el poder no tenga dueño es la autonomía que guardan con respecto al mismo la “esfera de la ley” y la “esfera del saber”. Dicha autonomía comprende que al jefe de gobierno se le aplique la ley si la infringe. También significa que el conocimiento se desarrolle sin esperar aval oficial.

Por el contrario, en los regímenes totalitarios el poder tiene dueño. El líder se apropia del poder “permanentemente”. Su gobierno termina con la muerte. Stalin, Mao, Hitler, Fidel son ejemplos de incorporación del poder en el cuerpo físico de una persona. Consiguientemente, el derecho y la ciencia no tienen autonomía. La voluntad del dueño del poder es la ley y la ciencia está subordinada a esa instancia superior.

La circunstancia más importante de sometimiento de la ciencia al poder, en el siglo XX, ocurrió durante la construcción del totalitarismo socialista en la extinta Unión Soviética. En 1927, el agrónomo Trofim Lysenko saltó a la fama al anunciar un método para obtener cosechas sin fertilizantes. Lysenko negaba la existencia de los genes y los cromosomas. Denigraba de la genética mendeliana calificándola de “ciencia capitalista”. Su mayor “aporte” fue distinguir la “ciencia burguesa” de la “ciencia proletaria”.

Desde 1935 hasta 1964, Lysenko fue considerado como el científico más destacado de la URSS. El reinado de este charlatán ocurrió porque el dueño del poder, Stalin, lo impuso así. A quien contradijera la “biología proletaria” de Lysenko le esperaba el exilio o la muerte. Fue el caso del insigne biólogo soviético, padre de la genética rusa, Nikolai Vavilov.

Vavilov fundó la Academia de Ciencias Agrícolas de la URSS, de la cual fue destituido en 1935. Denunciado por Lysenko, fue condenado a la cárcel por Stalin en 1940. Se le acusó de “traidor a la patria” y “lacayo de la ciencia capitalista”.

Vavilov murió de hambre en un campo de concentración (gulag) en 1943. En un trance como el de Galileo —salvarse, si se retractaba— prefirió morir antes que vivir traicionando lo que era: un científico. 25 años después de su muerte fue reivindicado en su país, pues en las democracias occidentales siempre conservó un sitial de honor.

Volviendo al comentario sobre el cáncer del Presidente Chávez, resalta que lo apoye en la opinión de Fidel Castro, quien solo en Cuba es la voz de la verdad sobre cualquier tema. Claro, ¡si es el dueño del país desde hace más de 50 años! Siguiendo el mal ejemplo del dictador cubano, el Presidente no repara en cometer exabruptos contra la ciencia, tampoco en su pretensión de adueñarse del poder hasta después del 2050. El autor es economista y profesor de la Universidad del Zulia (LUZ), Maracaibo, Venezuela.

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