Editorial: Femicidio, la ley y la justicia
La Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó el pasado jueves 26 de enero, la nueva Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres que tipifica el delito de femicidio y, al menos en teoría, endurecerá al máximo el castigo para los hombres que cometan delitos violentos contra las mujeres
Esta nueva ley, que se comenzará a aplicar dentro de cuatro meses, se ha aprobado precisamente cuando el femicidio pareciera aumentar en Nicaragua. Ocho mujeres fueron asesinadas durante los primeros 20 días del mes de enero de 2012, según la Comisaría de la Mujer de la Policía Nacional y el año pasado al menos 26 féminas fueron víctimas del delito de homicidio que ahora es tipificado como femicidio, o sea, asesinadas por ser mujeres y siendo los victimarios sus propios familiares por vínculo conyugal y afectivo.
La Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres que fue votada prácticamente por unanimidad de todos los diputados de la Asamblea Nacional, ha sido promovida por las organizaciones defensoras de las mujeres y es respaldada por un gran consenso social. De manera que con su aprobación se ha creado la expectativa de que, a partir de ahora, los delitos contra las mujeres y particularmente los más violentos serán castigados con más rigor y que disminuirá su incidencia en el país.
Pero no es tan sencillo el asunto. En realidad, la aprobación de esta nueva ley no garantiza que el femicidio y demás delitos violentos o de cualquier otro tipo que se cometen contra la mujer, a partir de ahora serán castigados más efectivamente y que disminuirá su incidencia. La verdad es que no ha sido por falta de ley, sino por ausencia de justicia y abundancia de venalidad en la administración judicial, que muchos crímenes contra las mujeres, desde asesinatos hasta negativas de pagar pensión alimenticia, pasando por violaciones y golpizas, han quedado y siguen quedando en la impunidad o han sido sancionados ligeramente.
La violencia doméstica y específicamente contra la mujer por parte del marido o compañero sentimental, está enraizada en lo más profundo de la cultura patriarcal tradicional y para erradicarla se requiere una profunda y radical transformación educativa.
El esfuerzo tiene que ser integral y contar con la participación de la sociedad. La correcta aplicación de la ley y la sana administración de la justicia tienen que ir de la mano con la educación general y en valores, y marchar al mismo ritmo, para que cada una y las tres juntas tengan la eficacia que se necesita. Pero precisamente esos tres valores sociales fundamentales (ley, justicia y educación) son los que peor andan actualmente en Nicaragua debido a la crisis moral y la demolición institucional que ha perpetrado y sigue ejecutando el autoritarismo reinante.
Mientras la sociedad siga dominada por un régimen autoritario y amoral como el actual, no hay posibilidad real de que ocurra un cambio positivo y profundo en la conducta social. Y piezas legislativas como la nueva Ley Integral contra la Violencia hacia la Mujer, seguirán siendo aprobadas para luego ser violadas igual que las mujeres que además de haber sido ultrajadas quedaron esperando inútilmente que se les hiciera justicia.
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