Los hijos de padres muy estrictos con la disciplina serían más propensos a desarrollar obesidad a partir de los 6 años. Un estudio sugiere que comerían de más como una reacción natural a la presión que reciben de sus mayores. Asimismo se halló que los hijos de padres permisivos, definidos como “indulgentes” y “sin disciplina”, también tenían problemas de peso, aunque menores que los anteriores.
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