El prisionero político cubano Wilmar Villar, de 31 años de edad, murió el jueves de esta semana en un hospital de Santiago de Cuba, como consecuencia de la huelga de hambre que mantuvo durante 50 días en protesta contra los malos tratos carcelarios y en demanda de su libertad.
Villar fue encarcelado el 14 de noviembre del año pasado por haber participado en una protesta pública. Casi inmediatamente después fue condenado a cuatro años de prisión y el 25 de noviembre se declaró en huelga de hambre, hasta morir al agravarse su mala situación de salud y sobre todo porque las autoridades cubanas no hicieron lo necesario para salvarle la vida.
Villar era miembro del grupo opositor Unión Patriótica de Cuba (UPC), el cual es ilegal como todos los grupos adversos a la férrea dictadura de los hermanos Castro que no tolera ninguna expresión de disidencia ni manifestación opositora. José Daniel Ferrer, quien es el principal líder de la UPC, culpó directamente al régimen de Raúl Castro por la muerte de Villar y denunció que este “es un crimen más de la tiranía, un nuevo caso al estilo de Orlando Zapata Tamayo”, haciendo alusión al emblemático preso político cubano que murió en febrero de 2010, después de permanecer 85 días en huelga de hambre.
En realidad, la muerte de Wilmar Villar demuestra que la represión no cesa en Cuba a pesar de las reformas de tipo precapitalista que viene impulsando el régimen comunista de Raúl Castro.
Solo el año pasado, más de 3,500 personas fueron detenidas y encarceladas en Cuba por motivos políticos, según denunció la también ilegal Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), la cual es dirigida por el reconocido disidente Elizardo Sánchez y opera en Cuba en medio de innumerables dificultades y presiones.
A la par de la ampliamente publicitada apertura económica para tratar de fortalecer al fracasado sistema comunista, permitiendo el funcionamiento en condiciones muy precarias de pequeños y rudimentarios negocios particulares (similares a los que surgieron en los orígenes del capitalismo, en la época medieval), la dictadura comunista de Cuba también ha intensificado la represión. De esa manera se está mandando un claro e intimidante mensaje a la población, de que el régimen castrista no está dispuesto a tolerar ninguna oposición ni expresión de libertad y democracia.
Según el defensor de los derechos humanos Elizardo Sánchez, la represión que está practicando ahora la dictadura comunista es “de baja intensidad”, ya que por lo general las detenciones por motivos políticos se realizan por horas, días o semanas. Sin embargo, en algunos casos los opositores son condenados a largas penas de prisión, como Wilmar Villar, cuya muerte se ha venido a sumar al tenebroso registro criminal de la dictadura comunista cubana.
Aunque para el régimen castrista no era un prisionero político, sino un criminal, como califican a sus opositores todas las dictaduras de izquierda o de derecha, Wilmar Villar es otro mártir de la lucha por la libertad en Cuba.
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