Sin duda que no fue por despistado que Daniel Ortega se abstuvo de hablar sobre temas nacionales, en el discurso que pronunció al tomar posesión de su nuevo ejercicio presidencial, que es inconstitucional. Y tampoco fue solo por su afán de proyectarse como un gran líder internacional que tiene la propuesta de solución para cada problema de la humanidad, desde el calentamiento global hasta la utilización de la energía atómica con fines pacíficos o con propósitos intimidatorios y bélicos.
En realidad, la omisión de Ortega fue calculada pues si hubiera dicho que en este siguiente período de gobierno planea radicalizar su “revolución”, hubiera espantado a los empresarios privados cuyos principales exponentes lo escuchaban ansiosos en una tribuna de la plaza de la república. Y en sentido contrario, si Ortega hubiera dicho que su plan es seguir entendiéndose con el gran capital como lo ha hecho hasta ahora, entonces habría defraudado a sus bases populares, sobre todo a los sectores más radicales que no son pocos.
Hay que repetirlo: si Daniel Ortega hubiera hablado de que seguirá manejando la economía nacional y haciendo concesiones a los empresarios privados y los organismos financieros internacionales, como lo ha hecho en los últimos dos o tres años y lo cual es correcto, sensato y necesario, habría decepcionado a quienes esperan y quieren la aplicación de medidas “socialistas” más radicales en este nuevo período de la “revolución” orteguista, inclusive confiscar bienes de los ricos que no sean miembros o socios del FSLN, para repartirlos entre la gente más pobre de Nicaragua.
Pero al contrario, si a fin de agradar a sus seguidores radicales Daniel Ortega hubiera hablado en su discurso del 10 de enero, de profundizar su “revolución socialista, solidaria y cristiana”, entonces los alarmados habrían sido los empresarios nacionales y extranjeros y además hubiera preocupado, por lo menos, a los representantes de los organismos económicos internacionales, de los cuales el régimen de Daniel Ortega espera seguir recibiendo un generoso y oportuno financiamiento.
Más todavía, al omitir los temas nacionales en su discurso de toma de posesión como presidente inconstitucional de Nicaragua, Ortega transmitió el mensaje de que seguirá gobernando de la misma manera que lo hizo durante su anterior período presidencial. O sea que seguirá desmontando la institucionalidad democrática del país; eliminando la autonomía municipal y la universitaria que son fundamentos de la democracia; manteniendo en sus cargos a funcionarios corruptos e incompetentes, pero fieles a la voz y el deseo del amo; engañando a sus seguidores de abajo con palabras de socialismo, mientras acumula plata y poder; y realizando falsos programas sociales que no son para reducir y erradicar la pobreza, sino para mantenerla y seguir teniendo a los pobres como su clientela política.
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