Nuestro país mereció el calificativo de la “Suiza centroamericana” mucho antes que Costa Rica, durante el periodo de los treinta años conservadores de la segunda mitad del siglo XIX; no solo por sus bellezas naturales sino por su estabilidad política luego de la Guerra Nacional. Éramos una ecodemocracia rural que concitaba elogios. Aún se estudia dicho fenómeno como un referente de lo que venimos perdiendo por causas de las ambiciones políticas. Recordemos que luego de esa etapa irrumpió el “déspota ilustrado” José Santos Zelaya con su “revolución liberal” que, aunque tuvo logros en cuanto a avances materiales, su pretensión de perpetuarse en el poder generó otro ciclo de inestabilidad que parece nunca acabar en esta Patria de Darío y de Sandino, el traicionado.
- La cínica propaganda oficial nos quiere hacer creer que vivimos en la “isla de la fantasía”, todo es bello en los spots televisivos multicolores y cargados de la voz meliflua de la cogobernante. Pero el telón de fondo de esta opereta es la basura y la pobreza cada día más dolorosa, más descarnada, más inhumana.
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Ahora, en ocasión de las fiestas navideñas, en compañía de familiares y amigos, recorrí una parte de nuestro país y da vergüenza cómo, aparejado a la inmoralidad y la corrupción de los más abyectos funcionarios públicos, calles y carreteras de nuestra geografía parecen reproducir ese comportamiento de la inmoralidad elevada a categoría de política de Estado.
Hay cerdos y coprófagos que se alimentan de la miseria de miles de compatriotas. Esos para quienes la suciedad en el paisaje y en el alma, es la condición natural de un pueblo que ni siquiera protesta ante tanta inmundicia, encarnada en la alianza entre cleptócratas y políticos corruptos que desprecian al pueblo, al que deberían servir.
Parece que quienes desgobiernan nuestra sufrida Nicaragua se regodean en la basura, es casi como su emblema: la cochinada, las montañas de basura y de suciedad que golpean los sentidos de cualquier persona medianamente decente, que se desplaza por cualquier punto del país. Lo peor es que promueven la suciedad expresada en los basureros y en su comportamiento violento que, pareciera, que la sociedad nicaragüense ha terminado aceptando pasivamente.
¿Es que la promoción de los antivalores y de la suciedad ya triunfó?
La cínica propaganda oficial nos quiere hacer creer que vivimos en la “isla de la fantasía”, todo es bello en los spots televisivos multicolores y cargados de la voz meliflua de la cogobernante. Pero el telón de fondo de esta opereta es la basura y la pobreza cada día más dolorosa, más descarnada, más inhumana.
Solo terminando con la corrupción y el desprecio a nuestra condición de personas humanas, educando al pueblo no manipulando sus necesidades, lograremos acabar con tanta basura material y espiritual que campea incluso en uno que otro alto jerarca de iglesias que bendicen y santolean la mentira, el engaño y el uso de la necesidad humana para el enriquecimiento fácil.
Tomemos las palabras de nuestros guías espirituales que desde los templos católicos nos llaman a acabar con la basura y la suciedad entendida no solo como la material, sino la peor, la de los valores que estamos perdiendo por la traición de quienes por proteger sus intereses claudicaron en sus principios.
Todavía podemos evitar ser la “sucia de Centroamérica”, donde hasta las elecciones son convertidas en el basurero de las más bajas ambiciones por perpetuarse en el poder.
¡A terminar con la basura y los basuras! El autor es diputado al parlamento centroamericano.
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