En Nicaragua la única palabra para indicar lo contrario al consenso es confrontación, y esta —que ha sido constante en nuestra historia política— solo ha producido guerras, sangre, lágrimas, subdesarrollo y pobreza. Es esperanzador escuchar ahora del gobierno, de la oposición, de la empresa privada y del sector laboral que existe voluntad de buscar el consenso para avanzar en la democracia y la economía hacia un mayor bienestar. Un consenso donde los actores han de ser el gobierno, los partidos políticos y los representantes de la empresa privada, de los trabajadores y de las iglesias —que han jugado un papel relevante en los momentos decisivos de la vida nacional—.
Un consenso no motivado porque el gobierno quiera mostrar al mundo que merece credibilidad y reconocimiento, ni porque la oposición carezca de los votos legislativos para aprobar por sí sola absolutamente nada. No como algo coyuntural ni mucho menos oportunista, sino motivado por el interés de buscar la concordia nacional, para que Nicaragua mejore social, económica y políticamente.
El consenso requiere del diálogo para desarrollar relaciones constructivas y un espacio común de entendimiento renunciando a la confrontación como respuesta a las diferencias y conflictos. Un diálogo de cooperación, trabajando juntos buscando el entendimiento mutuo en vez de confrontarse tratando de demostrar que los otros están equivocados o con el objetivo de imponerse sobre los demás.
Es necesario que unos y otros abandonen toda tentación de imponer su criterio o de ser inflexibles en sus planteamientos. Se debe escuchar para comprender la posición contraria, no para encontrar las fallas y rebatirlas. Porque al final generalmente la mejor solución es la que surge del debate bien intencionado más que de los planteamientos que cada uno presenta. Por eso es necesario concertar cediendo, conscientes de que ninguno va a lograr el cien por ciento de sus pretensiones.
No faltarán voces contrarias. Quizá algunos murmurando al oído del presidente que para qué consensuar cuando se tiene casi todo el poder en la mano. Quizá otros acusando de traidores a los opositores que se sienten a dialogar con un gobierno que unos no reconocerán, pero que gobierna. Quizá de uno u otro lado surjan voces llamando debilidad a la sabiduría y cobardía a la sensatez. Quizá se ataque la búsqueda del consenso, del diálogo, del esfuerzo por trabajar juntos en bien de Nicaragua como si se buscaran pactos prebendarios y corruptos. Quizá haya actores extranjeros que intenten inmiscuirse e impedir un entendimiento entre los nicaragüenses. Serán obstáculos, tentaciones y aún temores necesarios de superar.
El foro de concertación por excelencia es la Asamblea Nacional; pero sin descartar diálogos paralelos, tripartitos como gobierno-empresarios-trabajadores o bipartitos como el postergado, pero muy necesario diálogo, gobierno-obispos católicos. Hay temas urgentes además de emblemáticos como la elección de 35 funcionarios, incluyendo los magistrados del Consejo Supremo Electoral y los contralores; pero sin descartar otros temas como las reformas a la Ley Electoral o la aprobación de leyes sociales en beneficio de los más pobres y débiles de nuestros compatriotas.
Debemos apoyar la concertación para que el diálogo se mantenga siempre abierto, porque si la comunicación se cierra, hundiríamos nuevamente a Nicaragua en la eterna confrontación dolorosa de nuestra historia. ¿Acaso hay otras opciones? ¡No! ¡No perdamos esta oportunidad! El autor es abogado y periodista.
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